En el contexto de la plástica vasca,
Oteiza y Chillida vienen acaparando una atención polarizada
que intenta explicar sus trayectorias creativas de resultados
y proyección divergentes a partir de bases socioculturales
comunes.
Numerosos trabajos se han encargado hasta el
momento de analizar su producción y la incidencia de ésta
en el conjunto de la plástica moderna vasca (1). En principio, se parte del hecho de un enraizamiento
común en un medio sociocultural concreto que incide en
la producción artística en él desarrollada.
Ahora
bien, conviene analizar la naturaleza del determinismo impuesto
por el medio, que se puede seguir con carácter superficial
y anecdótico en representaciones costumbristas y paisajistas,
que nada tienen que ver con lo aquí abordado, o a través
de resortes que impulsan desde la "diferencia" la conexión
con soluciones universales, como puede ser el caso de Chillida.
Así, a partir de la elección
de unos materiales y técnicas vinculados a la tradición
artesanal, y de unas formas connotativas de lo vasco, Chillida
configura un lenguaje que coincide en su sobriedad, potencia y reciedumbre
con el de otros escultores de su tierra que, como él,
afirman las bases de su léxico plástico en la cultura
diferenciada del medio en que viven (2).
En efecto, la construcción
de lo moderno con "la memoria de lo antiguo", según
frase de Manterola (3), resume un posicionamiento artístico
bastante generalizado en el ámbito vasco, del que participa
Chillida y al que se sustrae la actitud creativa de Oteiza. En
efecto, Oteiza, al contrario que Chillida, no gesta su lenguaje
a partir de los recursos proporcionados por el legado cultural
del pasado, sino a partir de un "proyecto moderno",
el único en Euskadi capaz de equipararse a los desarrollados
por el Movimiento Moderno.
Ahora bien, el origen de la escultura
de Oteiza a partir de un "proyecto moderno" no implica
la desconexión del contexto en que se gesta la obra. Su
producción no se reviste de connotaciones vascas ni en
el léxico formal ni en su carga semántica; persigue
soluciones estéticas con capacidad de proyección
en la sociedad, ofrece un modelo de escultura que contrapone
la búsqueda de valores espirituales a las tendencias materialistas
imperantes, es decir, entiende la experiencia artística
como método o camino de salvación a través
del cual
el hombre logra adquirir una conciencia espiritual que hace ya
innecesaria la labor del artista.
Esta
valoración metaestética del arte ha dado origen
a varias obras teóricas del escultor (4)
y condiciona su actitud cuando de forma consecuente con su planteamiento
rechaza ofertas internacionales de difusión y mercado
y abandona la práctica de la escultura al considerar concluido
su "proyecto" en 1959. Más adelante se ahondará en estos
aspectos que individualizan la aportación de Oteiza dentro
de la experiencia racionalista del arte moderno y le convierten
en un "heterodoxo" del Movimiento Concreto (5).
De lo expuesto, queda claro que
estos escultores se expresan a través de lenguajes diferenciados,
libre de condicionantes formales el de Oteiza, voluntariamente
enraizado en la cultura tradicional vasca el de Chillida; orientado
a buscar una proyección en la vida el primero, exigiendo
un constante desarrollo plástico el segundo; de gran incidencia
en la cultura vasca desde los años 50 y renuncia expresa
a otro tipo de difusión el de Oteiza, de orientación
manifiestamente internacional el de Chillida.
Pero el trabajo de estos artistas
no difiere tanto en su primeros momentos. Las esculturas de Oteiza
de los años 30 y 40 y las realizadas por Chillida entre
1948 y 50 denotan similar influencia de los arcaísmos
primitivos que tan fuerte impronta marcaron en la plástica
de la Modernidad. En ambos casos existe preocupación por
los valores de la masa y la potencia volumétrica, no ajena
a cierto espíritu totémico, que en el ámbito
internacional se encuentran en creaciones de Brancusi, Giacometti,
Picasso y Moore, entre otros.
Por tanto, las primeras propuestas
de ambos artistas quedan encauzadas en el contexto de las búsquedas
planteadas por la escultura moderna. Así, conforme a intereses
plásticos estrictamente contemporáneos, Oteiza
desarrolla hasta principios de los 50 una coherente trayectoria
que parte de un concepto de compacidad
volumétrica, a través de planteamientos sucesivos
de la "escultura como masa", "escultura vertical",
"escultura con aplastamiento de volumen", "escultura
con tres puntos de apoyo", para abordar en una segunda fase
la apertura de la masa y desmaterialización de la escultura en
un proceso experimental que va desde el "tratamiento cóncavo
de los volúmenes", el "ensayo de lo simultáneo"
y la "perforación", hasta el "hallazgo
del hiperboloide" (6), que materializa
en la estatuaria de Aránzazu, según indagación
plástica que denota el conocimiento de la obra de Alberto
Sánchez, de Picasso y de Moore, artista al que se anticipa
cronológicamente en algunos planteamientos.
Chillida, con un retraso lógico
si se tiene en cuenta que nace 15 años después
que Oteiza, ofrece también en sus primera esculturas de
fines de los 40 un interés por la plástica de civilizaciones
antiguas, como el arcaísmo griego, que en sus valores
constructivos y densidad de masas viene a coincidir con algunas
soluciones primitivistas parisinas. También es preciso
mencionar en relación con su obra a Brancusi y Moore,
pero por distintos caminos que en Oteiza. Como Brancusi, Chillida
comienza a manifestar a través de estas primeras creaciones
su interés por la materia; se presenta como creador de
piezas en las que el soporte tiene un valor connotativo, y en
las que, además, se alcanza con independencia del tamaño
un sentido monumental, paralelo al que caracteriza a la escultura
de Moore, según se aprecia en esculturas como "Forma",
"Maternidad" y "Pensadora" de 1948 o "Concreción"
de 1950.
Esta fase inicial es, sin duda,
fundamental para conocer la orientación experimental que
Oteiza dará a toda su escultura, centrada entonces, durante
casi 20 años, en la indagación sobre la naturaleza
espacial de la estatua a partir de su corporeidad y de la escultura
de tema, aspectos posteriormente abandonados para continuar su
indagación espacialista con un lenguaje racionalista y
un proyecto próximo al del Arte Concreto.
Menor
duración, en torno a tres años, tiene esa primera
etapa en la trayectoria de Chillida. Sin embargo, acusa ya en
esos primeros momentos una preocupación por la potencia
de la materia que se convertirá en una constante de la
obra gestada tras 1951, cuando, tras un cambio radical de orientación,
abandona la figuración primitivista y define un estilo
personal, vasco por materia y técnica.
A partir de aquí se puede
hablar de trayectorias claramente divergentes. Oteiza, en la tradición constructivista,
centra su investigación en una escultura espacialista
en la que los aspectos relacionados con factura y materialidad
ofrecen un interés inversamente propocional a los conceptuales,
que centran su actuación (7); se conduce
a través de un método racional, condicionado por
el desarrollo del proyecto, en el que la libertad del artista
se canaliza a través de un sistema de fases progresivas
que conducen de un estadio experimental al siguiente, hasta alcanzar
la solución en una escultura de naturaleza estrictamente
espacial,
libre de cualquier condicionamiento material, con la que entiende
que culmina la trayectoria iniciada por Malevitch y Mondrian,
que Max Bill no ha sabido concluir dentro del Movimiento Concreto
(8). Razona, por otra parte, esa investigación
plástica en explicaciones teóricas que recogen
su reflexión sobre el legado de la Modernidad, con la
que coincide en el afán teorizador, y justifican los pasos
y propósitos de su proyecto (9).
Frente a dicho proyecto racionalista, que
en términos de Fullaondo "pretende colocarse más
allá de la realidad para edificar "ex novo"
nuevas realidades" (10), la escultura
de Chillida constituye un ejemplo
de actitud creadora libre, opuesta a normas condicionantes, regida
por el impulso, la espontaneidad y el gesto, y orientada a desentrañar
los enigmas de la vida y la naturaleza a través de las posibilidades
que para ello ofrece la materia. En ese sentido es preciso entender
a Manterola cuando dice que la obra de Chillida "parece
basada en la profunda razón de lo irracional" (11), pues, a través de ella, la fuerza y el
misterio
del cosmos se manifiestan en perfecta armonía con el hombre.
Esta diferente postura creativa
contra (12) y desde la naturaleza de Oteiza y Chillida,
respectivamente, además de constituir el más claro
reflejo de su concepción artística, determina todos
los aspectos de sus respectivos lenguajes. Lenguaje que para
Oteiza es una simple, aunque imprescindible, herramienta para
conseguir el desarrollo de su proyecto, ocupando en Chillida
un protagonismo a partir del afán formalizador que desprende
toda su creación.
La naturaleza de las formas
y el protagonismo de la materia En efecto, se observa
en la producción de Chillida un extremo interés
por la forma, cuya gestación y desarrollo se producen
en estrecha dependencia de la materia y en íntima relación
con el espacio en el que se instaura. Se trata de formas dinámicas,
potentes y constructivas, en las que el rigor geométrico,
incluso en sus series arquitectónicas ("Alrededor
del vacío", "Elogio a la Arquitectura",
"Lugar de Encuentros", "Leku", "Arquitectura
heterodoxa"), es vencido por una suerte de organicidad que
parte del núcleo mismo de la materia y por la fuerza vital
que imprime la acción moduladora del gesto.
Por contra, el proceso creativo
de Oteiza, entendido
como una operación lógica, implica la existencia
de una morfología planteada desde el rigor y la contención
geométricas, que opera dentro de los componentes racionales
de la belleza (13) y se orienta a unas búsquedas
estrictamente
espaciales en las que la resultante estética, la escultura
vacía, obtenida por desocupación espacial, constituye,
según frase del propio artista, "la presencia de
la ausencia formal" (14).
Entiende Oteiza que la preocupación
formal constituye un peligro en todo proceso racionalista, capaz
de debilitar el proyecto y desviar la atención hacia experimentalismos
superficiales. Pero la interpretación de la escultura
como producto exclusivamente espacial, exige, paradójicamente,
una selección del soporte matérico adecuado, que,
en planteamientos como el oteiziano, será elegido por
su valor de "no materia" o "antimateria",
es decir, por la cualidad que ofrece de definir sin ocupar.
En este sentido, la experiencia
plástica ha de prescindir de la valoración de la
materia como tal, de su capacidad volumétrica, expresividad,
cromatismo
y texturas, de ahí la preferencia por materias insignificantes,
desprovistas de belleza según los cánones escultóricos
convencionales, como el alambre, la hojalata o la tiza (15), que facilitan el desarrollo conceptual del proyecto,
o, cuando éste ya concluido se lleva a la escala definitiva,
la elección de productos semielaborados industrialmente,
como la chapa de hierro, en la que la fuerza natural ya ha sido
domada, ofreciéndose al
escultor como instrumento silenciado, vacío de connotaciones,
idóneo para desarrollar experiencias de naturaleza espacialista
en las que la masa constituye la "no escultura", según
desarrolla Oteiza en sus series escultóricas "Desocupación
del cilindro", "Desocupación de la esfera"
y "Construcciones vacías", con las que obtiene
en 1957 el Premio Internacional de Escultura en la Bienal de
Sao Paulo.
Si para Oteiza la materia es
un simple instrumento en el desarrollo de un proyecto escultórico
espacialista, es lógico que la vertiente técnica
del proceso le despreocupe por completo. Aspecto que nuevamente
le distancia de Chillida, centrado el la exploración de
la naturaleza de la materia a partir de su intervención
según procedimientos que desde la tradición artesanal
le conducen a las prácticas industriales más recientes.
Frente a la negación oteiziana de la materia,
asistimos en la producción de Chillida a una verdadera
exaltación, a la que se refiere Gaston Bachelard cuando
habla de esculturas hechas "a la gloria de la materia"
(16). A través de la materia este
escultor trata de desentrañar el enigma de los orígenes
y de comprender las leyes que rigen el funcionamiento de la naturaleza
y la vida. Ello explica el respeto por las cualidades intrínsecas
de la materia (densidad, dureza, elasticidad, textura, luminosidad,
peso...), constante en toda su producción, que le obliga
a elegir diferentes tipos de soporte material según el
planteamiento estético a desarrollar.
Pero, con independencia de que la escultura
sea de hierro, madera, hormigón, alabastro o barro, la
escultura de Chillida, como bien expuso Octavio Paz (17), sorprende por "su acentuada materialidad",
por constituir la manifestación palpable de lo matérico.
Desde
que en 1951 emplea por primera vez el hierro en "Ilarik",
esta materia se convierte en la aliada de Chillida en su indagación
formal permanente. Aunque pueda recurrir a otros soportes para
dar cuerpo a sus esculturas, el hierro resume en su obra toda
la potencia que se puede conseguir en la expresión de
unas relaciones volumétrico espaciales. Chillida ha desvelado
en sus esculturas las leyes internas que rigen el hierro, su
resistencia y su densidad, y desarrolla en sus series instrumentales
("Consejo al espacio I", "Música de las
esferas II", "Del horizonte", "Elogio del
aire", "Peine del viento I", "Música
callada", de 1951-1956) y gestuales ("Hierros del temblor",
"Rumor de límites", "Yunque de sueños",
"Modulación del espacio", de 1955-66) las posibilidades
expresivas que se pueden obtener de la materia a partir de procedimientos
artesanales, modulando las formas en el espacio bajo la acción
directa del fuego y el martillo (18).
Las últimas series escultóricas
de hierro ("Estelas", "Alrededor del vacío",
"Lugar de encuentros II, "Elogio a la arquitectura
II y III"..., iniciadas en 1964) (19)
, de mayor densidad volumétrica y carácter arquitectónico
acentuado, aunque producto de técnicas de fundición
más relacionadas con procedimientos industriales, no renuncian
a los presupuestos enunciados. Siguen denotando similar interés
por dar valor plástico a propiedades matéricas
.tales como densidad, elasticidad y expresividad de las superficies
a través de texturas y tonalidades, rehuyen el rigorismo
en la morfología y construcción de los volúmenes,
preservan el espíritu de libertad creativa, pero, como
signo de cambio respecto al enfrentamiento a la materia, Chillida
intenta doblegar uno de los aspectos del hierro que había
condicionado un buena parte su primera producción hasta
obligarle a recurrir a otras materias cuando plantea una escultura
de grandes proporciones: el peso.
Hasta entonces la potencia volumétrica
y, en especial, la escala monumental, habían sido abordadas
desde el empleo de la madera ("Abesti
gogora"), materia de menor peso que el hierro que permite
el cambio de escala en las esculturas, al tiempo que, dotada
de nuevas cualidades intrínsecas (escasa ductilidad, contextura
blanda), determina la aparición de potentes volúmenes
que respetan el sentido direccional de la materia viva y descubren
su energía y carácter orgánico a través
de los nudos, fibrosidades, resquebrajamientos y huecos.
Esta escultura monumental que
en los años 60 se aborda desde la madera, se materializará
en la década siguiente con el hormigón, tras la
realización de "Lugar de encuentros III" (1972),
primera obra de una serie que culmina veinte años más
tarde con el "Elogio del horizonte" del Cerro de Santa
Catalina en Gijón.
La morfología resultante
del trabajo de estas materias implica en cada caso diferentes
soluciones espaciales. El hierro se instaura en el espacio a
partir de una continuidad formal, moduladora de ritmos, que ceden
paso en las piezas de madera a una referencia a los límites
espaciales a partir de la rotundidad volumétrica, definidora
en las piezas de hormigón de ámbitos espaciales
concebidos como "Lugar de encuentros". Espacios limitados
desde la rotundidad material que, a menor escala, se definen
también en algunas creaciones arquitectónicas de
hierro o en las orientadas a investigar sobre las posibilidades
lumínicas que ofrece al alabastro (series "Elogio
de la luz", "Elogio de la arquitectura", "Homenaje
a la arquitectura", "Modulación heterodoxa",
"Goetheri gorazarrea", "Argiareb etxea",
"Construcción heterodoxa", "Articulación
heterodoxa"... que parten de 1965) (20),
ofreciendo con esta materia una nueva vertiente de la indagación
sobre la iluminación natural de la escultura desarrollada
por Oteiza en la década anterior.
La valoración del espacio
Frente
a los intereses matéricos de Chillida, opone Oteiza los
espaciales, y esto sin dejar de haber experimentado desde los
años 30 con todas las materias, pues prácticamente
desde sus primeras creaciones, la materia, ya se trate de piedra,
cemento, yeso, bronce, aluminio, madera, barro, cerámica,
alabastro, hormigón,... se entiende como simple instrumento,
aunque entonces aún no desprovista de expresividad y significación,
según demuestran todas sus esculturas desde "Maternidad"
(1928-29)
y "Tangente S igual a A partido por B" (1931), realizadas
en cemento, hasta los numerosos proyectos de bronce para la estatuaria
de Aránzazu de l950-54, culminada en piedra en 1969 (21). Pero ya desde 1950 en que la "Unidad triple
y liviana" encuentra la solución a su investigación
sobre el cilindro fuera de él, en el hiperboloide, la
orientación oteiziana se centra exclusivamente en los
valores espaciales de la escultura, pues el escultor advierte
que el concepto cerrado y estático de la estatua no puede
dar más de sí, residiendo fuera de ella su verdadera
solución: "...En otros territorios del conocimiento advertí
que la solución de una cosa está fuera de sí
misma. Esta unidad sensible, este nuevo cilindro que piense en
el exterior, no puede ser otro que el hiperboloide" (22).
Son las series geométricas
de los años 50 las que reniegan de la materia, trabajada
exclusivamente para explorar las posibilidades espaciales, pues
Oteiza desprecia el material "fuera de su condición formal y luminosa,
estrictamente espaciales", y persigue "una Estatua
en su naturaleza experimental, objetiva, fría, impersonal,
libre de todo afán espectacular" (23).
De ahí que abandone la piedra, en la que desarrolla entre
1950 y 1956 el proceso experimental sobre el "Hiperboloide
y unidades formales livianas", la "Perforación e iluminación
natural de la estatua" y la "Apertura de los poliedros"
(series de "Maclas", "Desocupación espacial
interna de los poliedros", "Piedras discadas"y "Cajas
de piedra") (24) pues "a mayor masa, a mayor proporción
de materia tangible de escultura corresponde un espacio libre
más indiferente o totalmente ajeno a la misma obra"
(25), eligiendo para desarrollar la última
fase de su proyecto escultórico la chapa de hierro, mucho
más adecuada para referenciar el espacio plástico.
En este sentido, la materia deviene
en el límite formal de una escultura estrictamente espacial,
una escultura de expresión neutralizada a la que llega
en 1956-58 en sus series finales sobre la "Desocupación
del cilindro", "Desocupación de la esfera"
y "Construcciones vacías".
La investigación espacialista
planteada en estas series, desarrollada de forma simultánea
entre 1956-58 hasta alcanzar en esta
última fecha las tres conclusiones experimentales con
"Caja vacía", "Desocupación de la
esfera" y "Homenaje a Mallarmé" (3ª
Conclusión final, dentro de la serie de "Cajas vacías"
o "Cajas Metafísicas"), ampliamente razonada
en su "Propósito experimental 56-57", parte
de planteamientos abordados por la vanguardia rusa en la segunda
década de siglo, que Oteiza considera no concluidos, según
ha quedado
expuesto con anterioridad.
Malevitch significa para él
" el único fundamento vivo en las nuevas realidades
espaciales" (26), de ahí que en las "Construcciones
vacías" y "Cajas vacías o metafísicas"
delimite
la escultura espacial a partir de formas mínimas que denomina
"Unidades Malevitch". En la "Unidad Malevitch",
cuadrado irregular de "naturaleza formal liviana, dinámica,
inestable, flotante" (27) , ve
Oteiza la forma mínima capaz de definir la escultura vacía
que cierra el ciclo de su proceso escultórico, entendido
por el artista como conclusión, a su vez, de toda la experimentación
racionalista derivada del Constructivismo:
Entiende Oteiza esta solución
escultórica como
resultado del arte para la vida, como respuesta a una indagación
plástica que no requiere un desarrollo continuo, que traspasa
los límites propiamente plásticos al "desocupar
formalmente
la estatua convirtiéndola en un mueble metafísico"
(29), que cierra su "reflexión
experimental en praxis moral y práctica" (30).
A esa praxis, a la intervención
en la sociedad, dedica su actividad desde fines de los cincuenta,
a través de organización de actividades culturales, de proyectos
artísticos, del Movimiento de la Escuela Vasca (31), de la publicación de numerosas obras teóricas
(32) que han ejercido influencia determinante
entre la juventud y los astistas vascos de las décadas
siguientes. En este sentido, el proyecto oteiziano que concluye
en su faceta plástica en 1958, se prolonga tras aquella
fecha en el aspecto práctico, según exige su propio
planteamiento, en un desarrollo paralelo a la ininterrumpida
actividad escultórica de Chillida, que, aunque gestada
en el ámbito vasco, vuelca su proyección hacia
el exterior, en un paradójico resultado si se tienen en
cuenta los puntos de partida: es el proyecto moderno de Oteiza
y la actitud ética que implica el de mayor incidencia
en el contexto vasco, del que sin duda trasciende, mientras que
la producción de Chillida, cargada de connotaciones vascas,
proyecta su orientación fundamentalmente en los ambientes
artísticos internacionales.
Notas:
(1)
J.D. FULLAONDO Y OTROS, Oteiza, 1933-1968, Madrid, 1968;
J.D. FULLAONDO, Chillida, Madrid, 1968; J. VIAR, "Las
artes plásticas en el País Vasco", Gazeta
del Arte, 33, 37,38, Madrid, 1974, 1975; J. D., FULLAONDO,
Oteiza y Chillida en la moderna historiografía el arte,
Bilbao, 1976; A.M. GUASCH, "Arte, etnia, cultura. Entorno
en Euskadi", Guadalimar,25, Madrid, 1977; J. SUREDA,
"Realidad y existencia de la escultura vasca", Guadalimar,
25, Madrid, 1977; J. PLAZAOLA, "La Escuela Vasca de Escultura",
Cultura Vasca II, San Sebastián, 1978; M. PELAY
OROZCO, Oteiza. Su vida, su obra, su pensamiento, su palabra,
Bilbao, 1978; M.S. ÁLVAREZ MARTÍNEZ, Escultores
contemporámeos de Guipúzcoa. Medio siglo de una
Escuela Vasca de Escultura, San Sebastián, 1983; M.S.
ÁLVAREZ MARTÍNEZ, "Corrientes y estilos del
grupo guipuzcoano de la Escuela Vasca de Escultura", Muga,
12, Bilbao, abril, 1985; A.M. GUASCH, Arte e ideología
en el País Vasco: 1940-1980, Madrid, 1985; V.V.A.A.,
Oteiza, esteta y mitologizador vasco, San Sebastián,
1986; V.V.A.A., Oteiza. Propósito Experimental,
Madrid, 1988;M.S. ÁLVAREZ MARTÍNEZ, El diálogo
de las formas: obra gráfica y esculturas de Chillida,
Gijón, 1990; V.V.A.A., Escultores vascos: Oteiza, Basterretxea,
Ugarte, Oviedo, 1991; V.V.A.A., Chillida en San Sebastián,
San Sebastián, 1992; P. MANTEROLA, El jardín
de un caballero. La escultura vasca de la posguerra en la obra
y el pensamiento de Mendiburu, Oteiza y Chillida, San Sebastián,
1993. (VOLVER)
(2) M.S. ÁLVAREZ
MARTÍNEZ, Escultores contemporáneos de Guipúzcoa.
Medio siglo de una Escuela Vasca de Escultura, San Sebastián,
1983, vol. I, pp. 69-75. (VOLVER)
(3) P. MANTEROLA,
"La escultura vasca, una cuestión de límites",
Escultores Vascos: Oteiza, Basteretxea, Ugarte, Oviedo,
1991, p. 13. (VOLVER)
(4) J. OTEIZA, "Ideología
y técnica desde una Ley de los Cambios para el arte"
(Madrid, 1964), en Oteiza 1933-1969, Madrid, 1968; La
Ley de los Cambios, Zarauz, 1990. (VOLVER)
(5) Su postura respecto
al Arte Concreto queda bien reflejada en el siguiente párrafo
de Quousque tandem...!: "El estilo geométrico
de las tendencias inmediatamente anteriores a las de hoy (el
movimiento concreto, racional y espacialista) debió haber
cumplido con la neutralización total de la expresión,
definiendo resueltamente su nada final...Al racionalismo geométrico
de los concretos, ayer, les faltó la visión suficiente
en su último objetivo...Un solo artista concreto ayer,
que hubiera logrado la obtención final de su experiencia
en una nada, habría representado el final victorioso del
proceso espacialista...Hago esta observación y la voy
a corregir ya que hubo un artista en el movimiento concreto que
logró aisladamente esa victoria, pero... tengo que referirme
a mi " (3ª ed., San sebastián 1975, pp. 84-85).
(VOLVER)
(6) M.S. ÁLVAREZ
MARTÍNEZ, Escultores contemporáneos...,
vol I, pp.181-198; T. BADIOLA, "Oteiza. Propósito
experimental", pp. 29- 35. (VOLVER)
(7) El valor conceptual
de la escultura oteiziana queda reflejado en la siguiente opinión
del artista: "Si uno es escultor no faltan las manos, pero
la escultura e cosa mentale" (en V.V.A.A., Oteiza,
esteta y mitologizador vasco, San Sebastián, 1986,
p. 254). (VOLVER)
(8) "Considero
que mi investigación ajusta y completa racionalmente a
Malevitch y concluye a Mondrian" (en J.D. FULLAONDO, Oteiza
y Chillida en la moderna historiografía del arte,
Bilbao, 1976, p. 55. (VOLVER)
(9) A lo largo de
su trayectoria plástica, Oteiza deja constancia de su
pensamiento estético a través de numerosos textos:
"Carta a los artistas de América sobre el arte nuevo
en la postguerra" (1944), "Informe sobre mi escultura"
(1948), "La investigación abstracta en la escultura
actual" (1951), "Renovación de la estructura
en el arte actual" (1952), Interpretación estética
de la estatuaria megalítica americana (1952), "Memoria
del Proyecto del escultor Oteiza presentada al Concurso Internacional
para el Monumento al prisionero Político Desconocido y
protesta ante el jurado" (1952), Propósito Experimental
1956-1957 (1957), "Escultura dinámica" (1959).
(VOLVER)
(10) J.D. FULLAONDO,
Oteiza y Chilllida..., p. 74. (VOLVER)
(11) P. MANTEROLA,
"Introducción", en Arte e Ideología
en el País Vasco: 1940-1980, Madrid, 1985, p. 13.
(VOLVER)
(12) En relación
con la postura de Oteiza respecto a la naturaleza, véase
"Cinco pasos en torno a la Pasión de Jorge Oteiza",
Oteiza-Moneo, catálogo Pabellón de Navarra
en la Exposición Universal de Sevilla, 1992. (VOLVER)
(13) En J.D. FULLAONDO,
Oteiza y Chillida..., pp. 62-64. (VOLVER)
(14) En J.D. FULLAONDO,
0teiza y Chillida..., p. 22. (VOLVER)
(15) "En hojadelata
crece la estatua en familia, es cuando el hierro como material
de exposiciones pierde importancia. La inteligencia está
en los pequeños formatos de hojadelata, en los múltiplos
de pequeños pedazos de tiza y en el alambre, el error
está en el hierro si el escultor no está en los
pequeños formatos experimentales" ( en "Estética
del huevo. Mentalidad vasca y laberinto", Epílogo
de Oteiza 1933-1968, Madrid, 1968) (VOLVER)
(16) G. BACHELARD,
"El cosmos de hierro", Revista de Occidente,
3, Madrid, 1976, p. 27. (VOLVER)
(17) O. PAZ, "Chillida,
entre el hierro y la luz", Eduardo Chillida. Periódico
de Exposiciones, 3. Palacio de Cristal, Madrid, 7 julio 1980.
(VOLVER)
(18) M.S. ÁLVAREZ
MARTÍNEZ, Escultores contemporáneos...,
vol II, pp. 357-364. (VOLVER)
(19) M.S. ÁLVAREZ
MARTÍNEZ, Escultores contemporáneos...,
vol. II, pp. 364-373. (VOLVER)
(20) M.S. ÁLVAREZ
MARTÍNEZ, Escultores contemporáneos...,
vol II, pp. 377-382. (VOLVER)
(21) M.S. ÁLVAREZ
MARTÍNEZ, Escultores contemporáneos...,
vol I., pp. 179- 201 (VOLVER)
(22) J. OTEIZA,
"Renovación de la estructura en el arte actual",
Oteiza 1933-1968, Madrid, 1968, p. 62 (VOLVER)
(23)
J. OTEIZA, "Advertencia personal", Catálogo
Bienal de Sao Paulo, 1957 (VOLVER)
(24)
M.S. ÁLVAREZ MARTÍNEZ, Escultores contemporáneos...,
pp. 202-217. (VOLVER)
(25) J. OTEIZA,
"Advertencia..." (VOLVER)
(26)
J. OTEIZA, "Propósito Experimental 1956-1957",
Catálogo Bienal de Sao Paulo, 1957. (VOLVER)
(27) J. OTEIZA,
"Propósito experimental..." (VOLVER)
(28) En M. PELAY
OROZCO, Oteiza. Su vida, su obra, su pensamiento, su palabra,
Bilbao, 1978, p. 208. (VOLVER)
(29) Entrevista
de Fr. Joseba de Intxausti para Revista Jakin, Aránzazu,
XII 1960. (VOLVER)
(30) J. OTEIZA,
"Dos breves aclaraciones", Catálogo Exposición
Oteiza en Galería Txantxangorri, Fuenterrabía,
1974. (VOLVER)
(31) M. S. ÁLVAREZ
MARTÍNEZ, Escultores contemporáneos...,
vol. I, pp. 64-95. (VOLVER)
(32) La producción
teórica de Oteiza se intensifica tras la conclusión
de su proyecto plástico. A partir de entonces, sus textos
suman a la reflexión estética una componente ética
de propósitos prácticos en el contexto cultural
vasco. Se relacionan a continuación algunos de los más
significativos: "Hacia la pintura instante, sin espacio
y sin tiempo" (1960), "El final del arte contemporáneo"
(1960), "Cromlech y estelas funerarias" (1963), Quousque
Tandem...! Interpretación estética del alma vasca"
(1963), "Ideología y técnica desde una
Ley de los Cambios para el Arte" (1964), "Para una
tipología de las relaciones del vasco con Dios y la muerte"
(1965), "Estética del huevo. Mentalidad vasca y laberinto"
(1968), "Justificación de mi presencia" (Exposición
Cinco escultores vascos, 1973), "Dos breves aclaraciones"
(Exposición en Txantxangorri, 1974), "Un modelo de
hombre para el niño en cada país" (1975),
"Aizkorbe, nuevo escultor en Escuela vasca" (1976),
"Algo sobre los dos lados en el espacio para un comportamiento
combatiente" (1978), Ejercicios espirituales en un tunel.
En busca y encuentro de nuestra identidad perdida (1965-1983),
"Utopía y fracaso político del arte contemporáneo"
(1988), Cartas al Príncipe (1988), Existe Dios
al Noroeste (1990), La Ley de los Cambios (1991).
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Alvarez Martínez,
Mª Soledad Universidad de Oviedo Fac. Geografía e
Historia. Dpto. de Hª del Arte y Musicología T. Alfonso
Martínez, s/n. 33011 Oviedo |