Urteko galdera

Eusko Ikaskuntzak topaketak burutu, eztabaidak bideratu eta ideiak partekatzeko hainbat gune eratzen ari den honetan, bi atal berri jarri ditu abian: “Urteko galdera” eta “Solasaldiak”. Lehenengoa, testu bezala azalduko da eta bigarrena ikus-entzunezko baliabideen bitartez. Bi atal horietan, ibilbide ospetsua izan duten pertsonen ekarpenak bilduko dira, gure artean pil-pilean dauden arazo eta erronken inguruan, bereziki gizartea, kultura, zientzia eta teknologia jorratuz. Hain zuzen ere, “Urteko galdera” urtero gai bat landuko duen tribuna irekia izango da.

Eusko Ikaskuntza-Sociedad de Estudios Vascos invita a participar en sus dos espacios de encuentro y debate, reflexión y opinión: “Urteko galdera” y “Solasaldiak”. En formato texto la primera y en soporte audiovisual la segunda, ambas secciones recogen aportaciones de personas de acreditada trayectoria en torno a problemáticas y a retos de actualidad relativos a la sociedad, la cultura, la ciencia o la tecnología. Más en concreto, “Urteko galdera” es una tribuna abierta donde cada año se aborda una pregunta decidida por la propia comunidad de autores/as y lectores/as.

2017

Zer da gizakia izatea gaur egun?
¿Qué es ser humano hoy?

Raúl Villarroel / Dr. en Filosofía. Facultad de Filosofía y Humanidades. Universidad de Chile

Raúl VillarroelHoy en día, hay quienes piensan que el ser humano debe mejorarse a sí mismo, a través de la ciencia y la tecnología, ya sea desde el punto de vista genético o desde el punto de vista ambiental y social; que es posible provocar deliberadamente un “mejoramiento” (enhancement) de los seres humanos, con miras a alcanzar un estado superior, a veces llamado “transhumano”, o incluso “posthumano”.  Con ello, en verdad, no se refieren a mejoras conseguidas únicamente a través del sistema educacional o a aquellas modificaciones socioambientales determinadas, por ejemplo por la economía o la cultura, sino a aquellas otras que recurriendo a medios técnicos intervienen directamente el organismo humano para lograrlo, su base fisiológico-corporal. Los transhumanistas piensan que existen importantes motivaciones para sostener que las capacidades humanas actuales pueden ser ampliadas mediante dispositivos técnicos y que, incluso, hasta el comportamiento ético podría ser igualmente objeto de modificaciones o mejoras por vía de procedimientos de ingeniería genética. La naturaleza humana, entonces, sería vista como una obra en desarrollo, un trabajo en progreso, que nos interpelaría a su rediseño, conforme a una serie de antiguas aspiraciones de los seres humanos, que han estado presentes desde tiempos inmemoriales. Nuestra actual condición, nuestro “ser humano” por tanto, no debería considerarse forzosamente como el punto de arribo de la evolución, sino únicamente como una fase inicial suya, tras la cual debiesen venir tales mejoramientos, propiciados por el incremental saber de la ciencia y la técnica.

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Esther Rebato / Profesora de Antropología Física

Esther RebatoLa pregunta a la que intentaré responder desde un punto de vista bioantropológico no es tarea fácil. En la cuestión planteada hay dos partes: 1) ¿Qué es ser humano?, 2) ¿hoy?, es decir, una interpelación referida al tiempo. Precisamente, algo que nos define a los humanos es la capacidad de pensamiento temporal (tiempo) que los animales tienen (en algunos casos) de forma limitada. Si la pregunta llevara un artículo y dijera ¿Qué es el ser humano hoy?, se nominalizaría el adjetivo “humano” y sería posiblemente algo más sencilla de argumentar, al menos a nivel biológico. En este caso mi respuesta se basaría en el actual consenso entre las ciencias y las humanidades sobre “qué somos los humanos”, mientras que tal y como está formulada me ha hecho pensar sobre si “ser humano hoy” es muy diferente de “ser humano hace tiempo atrás, en otro momento de nuestra historia”, y por tanto, en connotaciones menos biológicas (seguimos siendo la misma especie, Homo sapiens, desde hace miles de años) y más filosóficas, económicas, socioculturales y psicológicas, e incluso políticas, en la que no soy experta. Por ello, y basándome en la lectura de otros autores (ver referencias), me pregunto si podemos definirnos a nosotros mismos en un ambiente de crisis ambientales/ecológicas, conflictos sociales y relaciones mediadas por la tecnología, si realmente somos los seres humanos que éramos hace décadas (ni siquiera me remonto a hace miles de años) en un mundo que se ha transformado -por nuestra propia intervención- a una gran velocidad, si nuestro pensamiento y nuestras emociones siguen evolucionando y en qué sentido, si la exploración del espacio y el carácter planetario de la complejidad económica, ecológica y cibernética, están construyendo las bases de una consciencia global inevitable.

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Joaquín Sevilla / Responsable de divulgación del conocimiento de la Universidad Pública de Navarra

Joaquín SevillaSer humano hoy es poca cosa. Hoy sabemos lo gigantesco que es el universo y lo minúsculo de nuestro hábitat en comparación. Hoy conocemos muchos detalles de los procesos evolutivos y que, en realidad, no somos la cúspide de la misma sino una rama más del enorme árbol de la vida. Sabemos que la velocidad de la luz es un límite inalcanzable. Sabemos, gracias al teorema de Gödel, que no se puede construir un sistema lógico cerrado y completo. El avance del conocimiento científico en los últimos siglos ha ido apartando a la humanidad del centro del universo en el que una vez se creyó (y en el que aún se creen algunos de nuestros congéneres).

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Arantza Echaniz Barrondo / Profesora de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas de la Universidad de Deusto

Arantza Echaniz BarrondoVoy a cambiar un poco la pregunta y voy a responder, en mi opinión, dónde radica la humanidad, qué es lo que nos diferencia de otros seres. Hablaré de lo que, a mi entender, debe de ser que no siempre coincide con lo que es.

Empezaré defendiendo la dignidad humana; ese valor intrínseco que caracteriza a la persona desde su concepción hasta su muerte y que es el fundamento de los derechos humanos. Está recogido en el artículo 1 de la Declaración Universal de Derechos Humanos: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”. En una conferencia a la que asistí, Adela Cortina señalaba que el lenguaje nos compromete (solemos decir ‘te tomo la palabra’). Cuando “declaramos”, es más que soñar o una utopía, supone un compromiso (Echaniz Barrondo, 2016). Y nuestras realizaciones están muy por debajo de nuestras declaraciones. Por esta razón hablar de humanidad es hablar de fraternidad, de defensa y de lucha por los derechos de todas las personas. Somos seres sociales. Necesitamos de otros para sobrevivir y nos conformamos en la relación que establecemos con otros, conocidos y desconocidos. Nuestras relaciones nos definen, cómo nos comportamos con otros seres habla de cómo somos.

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Andrés Merejo / Filósofo

Andrés MerejoEl hombre de hoy, en las distintas modalidades de sujetos cibernéticos

Los discursos filosóficos han encarado la concepción del hombre desde el saber, la ética, la estética, el conocimiento, la técnica y la política.

Es con Sócrates que la filosofía deviene en filosofía antropológica. El filosofar socrático se diferenciará de sus antecesores: los presocráticos, por no colocar la physis en el centro de la reflexión filosófica, sino al hombre en la búsqueda de sí mismo, de autoexamen de conciencia, de ser racional, lo que implica un hombre ético que se cuida y conoce a sí mismo. Será con el filosofar de Protágoras que el hombre se sitúa en el discurso de lo no absoluto, en la medida de todas las cosas, de las que son en tanto que son y las que no son (Merejo, 2005). Su relativismo tiene fundamento antropológico relacionado con el lenguaje y el discurso.

A partir de las explicaciones de estos filósofos, se puede decir que el filosofar antropológico no ha dejado de ser objeto de preocupación en muchos de los mundos filosóficos que han sido construidos en el universo de la Filosofía, donde la valoración del hombre sale a relucir en pensadores como Kant, Nietzsche y Sartre.

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