736 Zenbakia 2019-02-26 / 2019-03-18

KOSMOpolita

“Mejor si no vienen”: El exilio vasco en Venezuela (II/II)

SAN SEBASTIÁN, Koldo

“Mejor si no vienen”: El exilio vasco en Venezuela (I/II)

Cómo debía ser la emigración a Venezuela

La emigración a Venezuela fue una cuestión que dio lugar a no pocas tensiones internas, ya no con fuerzas no nacionalistas (o, para ser exactos, que no eran el PNV), sino en el seno de este partido. Todo ello sin contar con que Aguirre era contrario a las emigraciones masivas. En este punto, era partidario de que quienes no estuviesen inmersos en causas de responsabilidad fuesen repatriados.

La petición venezolana de que fuesen miembros del PNV los seleccionados para emigrar hicieron que el Euzkadi Buru Batzar (Consejo Nacional) del PNV adquiriese un gran protagonismo, lo que dio lugar a cierto rechazo y a críticas por parte de algunos que, como Monzón, que pensaban que debía ser el Gobierno (y no el partido) en que se encargase de todo el proceso. Posteriormente, pidió que fuese el Gobierno el que diese el visto bueno a los nombres de las listas que presentaba el PNV, algo que el EBB no estaba dispuesto a aceptar[1]. Además, se había producido la injerencia del delegado del Gobierno en Burdeos sin conocimiento de Paris lo que hizo que se desplazasen dos miembros del EBB desde Anglet a Burdeos para poner orden[2].

Jauregui, a quien Monzón propuso como responsable de emigración, zanjó la cuestión: “Lo de Venezuela para mí no tiene duda. Piden gente del PNV y la gente la elige y controla en PNV en Endara (sede en Lapurdi de este partido). La labor de relación con los cónsules, pes la lleva (Miguel José) Garmendia”[3].

La emigración de refugiados nacionalistas a Venezuela movilizó a los miembros del EBB preocupados por la suerte que pudiesen seguir los emigrantes. Junto a Julio de Jauregui, los responsables de seguir la cuestión fueron, José María Izaurieta, Antonio Gamarra y Luis Arredondo. Para conocer más la historia de Venezuela, llegó incluso a pedirse a Amancio Urriolabeitia un trabajo sobre la Compañía Guipuzcoana de Caracas que fue enviado a Jauregui a París.

Ricardo Maguregui, a la izquierda.

Los viajes colectivos

Tras firmar los contratos y recibir los visados, el primer grupo inició el viaje. A éste, se sumó un joven oficial de la Marina Mercante, Ricardo de Maguregui[4], exiliado en Francia desde la caída del norte peninsular en manos de los franquistas. Durante algún tiempo, había esperado un contrato para navegar en una compañía naviera filipina. En vista de que no recibía noticias de ésta, decidió ir a Venezuela. Era el único del grupo vasco que aún no contaba con el visado. Sin embargo, en el tren que le llevaba a Le Havre para embarcar, Jesús Iraragorri, un médico contratado por el Gobierno venezolano, le entregó una carta del Euzkadi Buru Batzar (Consejo Nacional del PNV), nombrándole responsable de aquella expedición[5].

En dicha carta, se decía: “El Partido Nacionalista Vasco desea que esta primera expedición de vascos a Venezuela lleve un buen orden, y a la vez necesita tener conocimiento de todas las incidencias de lo misma, tanto durante el viaje como a la llegada a Venezuela y mientras van colocándose en los diferentes puestos nuestros compatriotas expedicionarios. Para este fin delega el PNV en Ud. la representación provisionalmente en tanto se establezca alguna delegación definitiva para este grupo expedicionario[6]”.

El día 24 de junio, 82 vascos -hombres, mujeres y niños- se concentraron en el puerto francés de Le Havre. Dedicaron la jornada a la revisión de pasaportes y visados. En la madrugada del día 25, el grupo, acompañado por Julio de Jauregui, Miguel José Garmendia, Otalora y el periodista José Olivares Larrondo “Tellagorri”, oye Misa, oficiada por monseñor Lemaire que se había distinguido por su ayuda a los niños vascos refugiados en Francia. A las ocho de la mañana, el grupo fue trasladado al puerto en autobuses, embarcando una hora más tarde a bordo del paquebote Cuba, de la Compagnie Générale Trasatlantique. Ante la curiosidad de los demás pasajeros entre quienes se encontraba un grupo de refugiados judíos, sonó el «txistu» de Segundo de Achurra que interpretó el “Agur Jaunak” y el himno nacional vasco[7]. Fueron momentos especialmente dramáticos. Entre los pasajeros hay algún herido de guerra. Muchos dejaban en Francia mujer e hijos en vísperas de la otra guerra anunciada[8].

Tras hacer escala en Southampton, el 4 de Julio de 1939, tocaron el primer puerto americano: Point de Pitre (Guayana). Desde allí, Maguregui escribe a la dirección del PNV, detallando los pormenores del viaje hasta entonces. El día 29 de junio, el grupo vasco celebró la festividad de San Pedro. No faltaron la música y los bailes. Dice la Misa monseñor Víctor Sanabria, Obispo de Alajuela (Costa Rica). El prelado costarricense estableció una relación de amistad con el grupo y, al llegar a La Guaira, le entregó una carta de recomendación para el arzobispo de Caracas. Por otro lado, en su informe, Maguregui señalaba: “Observo que, a medida que nos acercamos a América, la gente se siente más preocupada, a pesar de todo, el ambiente general es de confianza y ánimo[9]”.

En las primeras horas del día 9 de julio de 1939, el Cuba atracó en el puerto venezolano de La Guaira. A las 7 de la mañana, subía a bordo Arturo Uslar Pietri, acompañado de Antonio Arraiz, Roberto Álamo Ibarra y Vicente Fuentes. A las 9 de la mañana, Maguregui envió un telegrama a Villa Endara  (sede del PNV), comunicando la llegada del grupo vasco Venezuela[10].

Toda la prensa venezolana se hizo eco de la llegada de los refugiados vascos. El diario Ahora dedicó una página, con gran profusión de fotografías, a este evento. Destacaba que, entre los recién llegados, se encontraban médicos, ingenieros, contables, agricultores y obreros especializados[11].

El domingo 16, el grupo asistió, en la parroquia de Santa Rosalía, a una Misa cantada oficiada por su párroco, el padre Tenreiro, amigo del canónigo Alberto Onaindia, asesor del presidente del Gobierno Vasco con quien había estudiado en Roma. A las once de la mañana, acompañados por Arturo Uslar Pietri y Simón Gonzalo Salas, los vascos hicieron una ofrenda floral en el Panteón Nacional, donde se encuentran los restos de Simón Bolívar. Como se había acordado con las autoridades venezolanas, se canta el “Agur jaunak” y el himno venezolano. Sin embargo, uno de los refugiados, Esturo, por iniciativa propia, pidió permiso a Uslar Pietri para interpretar el “Euzko Abendaren Ereserkia” (himno nacional vasco)[12]. Lo que, en apariencia, no dejaba de ser un hecho anecdótico, dio lugar a una polémica política. La Esfera, un periódico muy reaccionario y pro-franquista. que mantenía una cruzada permanente contra todo lo que oliera a izquierda, publicó una información sumamente crítica, diciendo que se habían cantado “himnos comunistas” en el Panteón Nacional en presencia de un alto funcionario del Gobierno y con su anuencia. Por su parte, José Antonio Sangróniz, representante franquista en Venezuela, presentó una nota de protesta. El asunto no tuvo mayor trascendencia porque el general López Contreras no le dio importancia[13]. No obstante, dicho incidente era un reflejo de la situación política de Venezuela en vísperas de la Segunda Guerra Mundial.

El día 28 de julio de 1939, salía, asimismo, de Le Havre, el Flandre con 139 refugiados vascos a bordo. Entre ellos, Juan Olazabal Gómez, Interventor General de Hacienda del Gobierno Vasco, que encabezaba la Delegación oficial del PNV[14]. Como responsable del viaje iba Eusebio Barriola Irigoyen, capitán del Batallón San Andrés (zapadores), perteneciente al sindicato nacionalista ELA-STV (Solidaridad de Trabajadores Vascos) condenado a muerte en Santoña y canjeado en 1938. Este viaje tuvo aspectos especialmente emotivos. En el citado puerto francés, se reunían, después de casi tres años, padres con hijos refugiados en Bélgica[15]. El tercer viaje de esas características fue el del Bretagne, que salió de Burdeos con 53 refugiados a bordo cuyo responsable era Francisco Elórtegui Gambe, capitán de la Naviera «Sota y Aznar» que había sido comandante del bou armado Donostia que luchó en la batalla del cabo Machichaco, y llegó a La Guaira el 26 de agosto[16].

Grupo de emigrantes en Paris. A bordo del tren rumbo a Le Havre. Segundo Atxurra y Ricardo Maguregui a su llegada al puerto. Hacia el control de pasaportes. Saludos desde el barco. Rumbo a Venezuela.

Más vascos

Mientras todo esto ocurre, la prensa venezolana seguía reclamando la inmigración de vascos. En el editorial de El Heraldo, de Caracas, se decía: “Indiscutiblemente, una de las emigraciones más deseadas por Venezuela, es la inmigración vasca. Entendiéndolo así, el Gobierno de Venezuela gestiona entre los mejores elementos refugiados en Francia, su venida a nuestro país, y bastantes de ellos, han llegado ya, dando en sus respectivas especialidades, los mejores y más brillantes resultados[17]”. Para acelerar la inmigración, se trasladó a Francia Miguel Cifuentes Espinetti –que, luego, ocupará un puesto diplomático en Madrid-, delegado del Instituto Técnico de Inmigración, que se entrevista con dirigentes del Partido Nacionalista Vasco[18].

A pesar de los resultados positivos de estas negociaciones, fallaron los medios de transporte. El presidente López Contreras había propuesto el poner a disposición de los vascos el Hotel Jardín de Maracay por si llegaban nuevos grupos. En aquellos días, Ricardo de Maguregui estaba tratando de fletar un barco panameño de carga que se iba a acomodar para el transporte de pasajeros, para que se trasladase a Burdeos y recogiese el mayor número posible de pasajeros vascos. Sin embargo, el agravamiento de la situación bélica internacional lo impediría[19].

Según una información firmada por Genaro Egileor “Atxerre” en Euzko Deya de Buenos Aires, a finales de 1939, “los vascos residentes en tierras venezolanas son unos trescientos y de ellos la mitad se halla en regiones apartadas de la capital y el resto en Caracas[20]”. Por su parte, Fernando de Carranza, en un informe presentado por la Delegación venezolana en el I Congreso Mundial vasco señala que, hasta 1940, la cifra rondaba los 500. Esta aumenta considerablemente desde el final de la segunda guerra mundial, entre 1945 y 1947, con la llegada de refugiados de Francia, de otros países americanos y los primeros exiliados a causa de la resistencia clandestina[21].

En una carta de Ricardo de Maguregui, fechada en 1939, se decía que “la acogida ha sido buena por parte del pueblo en general”. Por su parte, las autoridades habían reconocido como válido el “igarobide” (pasaporte vasco) y, para 1940, muchos refugiados ya habían obtenido la ciudadanía venezolana. Además de con las autoridades, intelectuales y la prensa progresista venezolana, los exiliados contaron con la ayuda significativa de algunos jesuitas vascos residentes en el país. Maguregui, por ejemplo, llegó al país con cartas de recomendación del Padre Pierre Lhande, director de la revista Etudes[22].

El capitán Elortegui.

Los primeros empleos

Nombre Barco

Médicos

Marinos

Mecánicos

Ingenieros

Panadero

Construcción

Metalurgico

Pescadores

Carpinteros

Otros

Cuba

9

4

12

3

1

8

45

 

7

8

Flandre

 

8

19

1

 

9

 

5

6

21

A partir de la llegada de Olazábal, hasta el mes de octubre de 1939 –y, luego- Maguregui siguió en su puesto, bien negociando permisos de entrada, bien buscando empleos a los recién llegados. A partir de entonces, tomó el relevo una Comisión, originalmente formada en Francia[23], presidida por Juan de Olazábal en la que también participa el republicano Luis de Aranguren con lo que, aparentemente, se rompía el monopolio del PNV[24].

Como se ha señalado, cuando llegaron los primeros vascos sometidos al acuerdo citado, ya residían en el país otros exiliados, algunos de los cuales ya habían alcanzado cierta posición económica en el sector de la construcción (Chalbaud o Rousse) que participaron en la contratación de los que iban llegando. Según el repetido acuerdo, antes de la llegada de los diferentes grupos, anunciaba por la prensa y por la radio las profesiones de los que venían con objeto que los empresarios solicitasen el personal que necesitaban, especificando el sueldo que estaban dispuestos a pagar.

Las autoridades venezolanas dieron prueba de una gran flexibilidad. El instituto de Inmigración no forzaba la aceptación del destino propuesto por éste. Cuando se presentó algún conflicto, Uslar Pietri propuso la siguiente solución: los recién llegados debía aceptar el primer trabajo para el que habían sido contratados a través del Instituto, al menos durante veinticuatro horas. Cumplido este trámite, los recién llegados podían dedicarse a otra cosa en el lugar que eligiesen[25].

Como estaba convenido, los primeros refugiados se incorporan a sus puestos de trabajo. Los médicos se trasladan a los estados de Anzoategui (Iraragorri, Belín, Mendikoa), Monagas (Unzueta, Aránsolo y Urrestarazu) o Tachira (Arrieta). Luego, llegarán otros médicos de gran prestigio como Gonzalo de Aranguren o Luis Bilbao, iniciando una tradición de médicos del altísimo nivel profesional. Pero, no son estos los únicos que viajaron al interior. Se trasladaron a Ciudad Bolívar (Etxebarria, Iraola, Uria, Etxetxipia, Goiri,...) a Maracaibo (Velar), a La Ceiba (Julián Etxebarria), a La Guaria (Santiago de Doxandabaratz), ... Sin embargo, la mayoría se quedará en Caracas o, tras un tiempo en el interior, tendría a instalarse en la capital. El único que tiene problemas es Justo Ibarra, convaleciente todavía de sus heridas de guerra. Los sueldos oscilaban desde la simple manutención hasta los 1000 bolívares al mes[26].

Desde los primeros momentos, siguiendo instrucciones del PNV, Maguregui estableció una intensa relación epistolar con los vascos residentes en el interior. Esta comunicación tenía un doble objetivo: “establecer un control de nuestro pueblo en Venezuela”; y asimismo “poseer informes con el objeto de comunicarlos sin pérdida de tiempo al Euzkadi Buru Batzar (Consejo Nacional del PNV) ya que el día 10 de los corrientes han llegado unos 80 vascos y espero que pronto se encargará otra expedición”[27].

Casi inmediatamente comenzaron a recibirse respuestas. En ellas, se describían las condiciones de trabajo, salarios o expectativas, en ocasiones. En algunos casos, los emigrantes vascos ofrecían parte de sus primeros sueldos a ayudar a sus compatriotas más necesitados[28].

Como se ve, existe entre los exiliados vascos en Venezuela un alto sentido de solidaridad (se impone el lema, Vasco ayuda al vasco). Los que se van instalando y ganando unos pocos bolívares ayudaban a los que llegaban, prestándoles parte de lo ahorrado. Gracias a ello, muchos comenzaron una nueva vida.

Poco a poco, los exiliados iban estableciéndose. Algunos recuperaron los oficios a los que se dedicaban antes de la guerra. Victoriano Aristizabal tenía su taller de sastrería en el edificio del Gran Hotel Americano de Caracas, mientras que Echave y De Miguel regentaban una carpintería, lo mismo que Zubizarreta. Eizmendi era el titular de una tipografía y Arangüena, de una lechería, la pastelería El Buen Gusto era regentada por Anaut. Otros regentaban comercios: Bere una zapatería, y las hermanas Ituarte la perfumería Eguzki. Abundan los restaurante y hoteles como El Txoko, el Cervantes, el Zumaya, el Jai Alai (de José Zabaleta donde se servían “txikitos”) y, sobre todo, los constructores como Olaizola y Aranguren, Gaubeka, ... Con ellos, quienes han puesto en marcha empresas auxiliares como South American Trading (Epifanio Aldamiz-Etxebarria) o Construcciones Metálicas (Zabala y Ariño), instalaciones eléctricas (Nemesio San Juan o Triki Azpiritxaga), talleres especializados en maquinaria de construcción (Carlos Tejera), o de productos químicos como Kutun (Ander Aranbaltza).

Asociación Vasca de Socorros Mutuos

Los pasajeros vascos del Cuba, durante la travesía del Atlántico, comenzaron a debatir una propuesta de Ricardo de Maguregui para garantizar una asistencia mínima a los refugiados. Una serie de acontecimientos acelerarían este proceso.

Las heridas de Justo Ibarra obligaron a su hospitalización y a una serie de intervenciones quirúrgicas. La generosidad de los médicos hizo que los gastos clínicos resultasen insignificantes. Sin embargo, la inactividad laboral le dejó en una situación muy precaria. A esto hubo que sumar, el 20 de agosto de 1939, el nacimiento de un niño, Gorka, hijo de Isidoro Dorronsoro, que acarrearía los gastos consiguientes. Gorka Dorronsoro, más tarde, se convirtió en directivo de una prestigiosa empresa de arquitectura. Por si esto fuera poco, cuando aún no había terminado el año, se produjo el primer fallecimiento, el de Francisco de Miangolarra[29].

Así, el 6 de agosto de 1939, cuando aún no había llegado el Flandre, se reunían en el recién inaugurado Hotel Zuriñe, una pensión propiedad de Andrés Atela, un grupo de exiliados vascos. No hay lugar para todos. La mayoría se sentó en el suelo, excepto los de mayor edad, Manuel Chalbaud e Ignacio de Rotaeche, que ocupan sendas sillas. Nacía la Asociación Vasca de Socorros Mutuos. Este último fue elegido presidente de la institución[30].

Al finalizar 1943, la AVSM contaba con 217 socios (115 individuales y 102 familiares –lo que nos da una idea aproximada del número de exiliados vascos en ese año-), así como sedas delegaciones en La Guaira y en Maracaibo[31].

La AVSM se convirtió así en la primera institución específicamente vasca fundada en Venezuela. La primera Junta Directiva (más bien comisión organizadora) estuvo presidida por Ignacio de Rotaeche, formando parte de la misma Félix Gaubeka y José Luis Ochoa de Chinchetru[32].

Pasado el tiempo, la AVSM contó con los servicios de varios médicos vascos, como Luis Bilbao, Joaquín Ariztimuño, José María Diaz de Recarte o Joseba Bilbao y de la Clínica Santa Ana. El 1 de noviembre de 1952, se fundó el Panteón Vasco con 120 nichos, osario y capilla en el que descansan no pocos de aquellos exiliados[33].

 

[1] Reunión celebrada en Paris, 22/25-VII-1939.

[2] Carta de Antón Irala a Luis Arredondo, Paris, 23-VI-1939.

[3] [3] Reunión celebrada en Paris, 25-VII-1939.

[4] Ricardo de Maguregui, nacido en Algorta (Vizcaya) era un capitán de la Marina Mercante afiliado al Partido Nacionalista Vasco. Durante la guerra había navegado en los barcos que aprovisionaban el puerto de Bilbao, burlando el bloqueo de la escuadra rebelde.

[5] Testimonio de Ricardo de Maguregui, cit.

[6] Carta de Luis de Arredondo a Ricardo de Maguregui, Anglet, 23 de junio de 1939.

[7] Euzko Deya:168, Paris, 9 –VII- 1939.

[8] Testimonio de Ricardo de Maguregui, cit.

[9] Carta de Ricardo de Maguregui a Luis de Arredondo, Point de Pitre, 5 de julio de 1939.

[10] Telegrama de Ricardo de Maguregui a Luis de Arredondo, La Guaira, 16 de julio de 1939.

[11] Ahora, Caracas, 16 –VII- 1939.

[12] Testimonio de Ricardo Maguregui, cit.

[13] Testimonio de Arturo Uslar Pietri, Caracas, marzo de 1989. Margarita Askenazi, Uslar Pietri, Muchos hombres en un solo hombre, Caracas. Caralex, 1988, p.38 y ss.

[14] Carta de Luis de Arredondo a Ricardo de Maguregui, Anglet, 4 de agosto de 1939.

[15] Euzko Deya: 173, Paris,13 –VIII- 1939

[16] Testimonio de Ricardo de Maguregui, cit.

[17] Cit. por Euzko Deya: 24, Buenos Aires, 30-XII-1939.

[18] Carta de Ricardo de Maguregui a Luis de Arredondo, s/f, 1939.

[19] Testimonio de Ricardo de Maguregui, cit..

[20] Euzko Deya, Buenos Aires, 30-XII-1939.

[21] Congreso Mundial Vasco, Vitoria-Gasteiz (1981): Servicio Central de Publicaciones del Gobierno Vasco, pp. 449-450.

[22] Carta de Pierre Lhande a José Aguirre Ceciaga, París, 27-VI-1939.

[23] Testimonio de Fernando de Carranza, Caracas, III-1989.

[24] Testimonio de Ricardo de Maguregui, Caracas, III.1989.

[25] Carta de Ricardo de Maguregui a Luis de Arredondo,  Caracas, 16-VII-1939.

[26] Ricardo de Maguregui, “Resumen de los colocaciones obtenidas por los componentes de la expedición que salió de La Havre el 25.7.39 y llegó a La Guaira el 8.8.39”.

[27] Carta de Ricardo de Maguregui al EBB, Caracas, VIII-1939.

[28] Carta de Juan de Etxetxipia a Ricardo de Maguregui, Ciudad Bolívar, 9-VIII-1939.

[29] Euzko Deya, Buenos Aires, 30-XII-1939.

[30] Testimonio de Ricardo de Maguregui, cit.

[31] Euzkadi: 7, Caracas, I-1944.

[32] Testimonio de Ricardo de Maguregui cit.

[33] Reglamento de la Asociación Vasca de Socorros Mutuos.