El cura caminador, Seberiano Aiastui Errasti, dio su último pasoEscuchar artículo - Artikulua entzun

Fabio Javier ECHARRI

“Dicen que ojos que no ven, corazón que no siente... pero yo le doy la vuelta:
corazón que no siente ojos que no ven.
Porque sino puede pasearse la gente por encima,
por el costado de la miseria, sin sentirse golpeado porque el corazón no siente.
La única forma de conectarnos es la vista,
pero además de la retina debe haber algo más.”
Seberiano Aiastui Errasti.

El 8 de noviembre de 2007 dejó esta vida el Padre Seberiano Aiastui Errasti, a la edad de 93 años. Conocido entre los chaqueños como ‘El cura caminador’, dedicó su vida al trabajo por los humildes y los que menos tienen. Seberiano ha dado su último paso en esta tierra.

Seberiano Aiastui Errasti
Seberiano Aiastui Errasti. Foto: Julio Laurino

Vida y obra

Nació el 7 de enero de 1914 en el poblado de Aretxabaleta (Gipuzkoa) en Euskadi. Su lengua materna fue el euskera, y tuvo que aprender el castellano en el colegio.

Unió su vida a Dios entregándosela a los hombres. Misionando en África y viviendo en un ranchito de adobe en el difícil y agreste monte de El Impenetrable chaqueño. Su derrotero final comenzó cuando contaba con 72 años. Caminó miles de kilómetros a pie, lo que le valió que lo llamaran ‘el cura caminador’. Continuó su periplo a caballo y en mula mientras se lo permitieron sus piernas y su estado físico, durmiendo en algún catre prestado allí donde lo sorprendiera la noche, y compartiendo el pan y la poca comida que se le ofrecía en la casa de la familia anfitriona.

Caserío de nacimiento de Seberiano Primera vivienda que habitó Seberiano en el Chaco
Caserío de nacimiento de Seberiano. Foto: Familia Aiastui, 2003 Primera vivienda -rancho- que habitó Seberiano en el Chaco. Foto: Julio Laurino

Sobre esto expresó: “...aquí me golpeó la situación. Y como yo estaba buscando misionar después de doce años en África, quería un lugar que realmente tuviera un vacío. Yo le dije al Obispo al despedirme: el administrador tal vez sienta mi ausencia porque es uno menos, pero el pastor no, él se va a alegrar porque aquí se bastan ya... Aquí en el Chaco estamos muy raleados y muy envejecidos... Ojalá el espíritu se mantenga todavía”.

Su trabajo fue además, solidario. Y nos basta un ejemplo: luego de una gran inundación, fue a la capital del Chaco, Resistencia, y volvió con un camión lleno de mercaderías para repartir entre la gente. Nunca dijo cómo había conseguido este cargamento, pero luego se supo: reclamó un sueldo que le debían como Sacerdote de Frontera y compró lo necesario para paliar el hambre de su gente. Lo curioso fue que luego de entregada, se lo vio en el pueblo pidiendo fiado un litro de leche porque no la podía pagar.

Familia Aiastui, en la puerta del caserío de Aretxabaleta, 2004  
Familia Aiastui, en la puerta del caserío de Aretxabaleta, 2004. Foto: Familia Aiastui

Seberiano Aiastui Errasti era vasco por donde se lo mirara. Un vasco en su apellido, en su lengua, en sus actitudes, en su identidad y reconocimiento permanente a la milenaria cultura de los Pirineos. Un vasco orgulloso de serlo, y que se encargaba de resaltar que no era español, sino vasco (DIARIO NORTE, 2002). Y el tema de la situación en Euskadi le dolía. Nos contó: “La llaga es el terrorismo. Pero antes fue mucho peor. Había que estar en las rutas del País Vasco antes y en la dictadura. Yo estoy en contra del método del terrorismo, pero los obispos han opinado que la supresión del partido que acusan de ser apoyo de ETA, el Herri Batasuna (Unión del Pueblo) es un error que no se quiere remediar, así empujan a la clandestinidad y a una política más sumergida y eso es negativo”.

Este sacerdote marianista anunció a Dios entre los aborígenes wichís. Y no se calló nunca. Reclamó ética y moral a los funcionarios del gobierno y pidió por las culturas diferentes y un Euzkadi en paz y libertad. Nos lo dijo personalmente, o cuando se le ponía una cámara o grabador delante, y cuando se le premió con el distinguido Corazón de Oro del Chaco en su cuarta edición de 2002, en la que las más altas autoridades de la provincia estaban presentes. Él no escatimó palabras de crítica para defender a los que entendía que debía defender. En ese acto, expresó: “Me duele también que tengamos postergados a los aborígenes principalmente en materia de educación. Miremos el derecho que ellos tienen y del que le hemos privado nosotros, los blancos. Por lo menos no les privemos del derecho a formarse y educarse. Y si alguno más pragmático quiere que se asimilen, se castellanicen... pues no hay más que un camino: no pueden aprender si no tienen en sus comienzos docentes en su propio idioma. ¡Les habla el último aborigen de los vascos!”.

  Seberiano Aiastui.  Foto: Fabián Maldonado. Diario Norte
Seberiano Aiastui. Foto: Fabián Maldonado. Diario Norte
Ha sido siempre un ejemplo de vida, y aunque a él no le gustaba mostrarse a los medios, muchos entienden que en un mundo careciente de valores y donde los buenos ejemplos no cunden, la vida de este cura es un modelo que debe difundirse para recuperar la credibilidad en el hombre.

Mucho ha quedado sin saberse. Cosas que tal vez Seberiano no quiso contar o decir, o las olvidó, o no las consideró importantes. Él tenía sus razones y nos obliga al respeto. No nos quedan dudas de que es un paradigma. De hombre y de vasco. Hoy, Seberiano Aiastui Errasti se suma a la pléyade de Vascos Universales.

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