"Querer
valorar la vida y la personalidad de un buen amigo y de un estimado
profesor entraña el riesgo de caer en los inevitables tópicos
de bondad y valía. Éste no es el caso de Justo Garate,
pues glosar su figura y su obra supone remontar las cimas de los
lugares comunes. ¿Qué aspecto novedoso o qué idea
virgen se puede emplear para definir la personalidad o la profesionalidad
de este insigne bergarés? Pienso que se ha dicho de todo
y que se han empleado todas las formas léxicas para presentar
aquí y allá, antes y ahora, tanto el sentido del
hombre como la significación de la obra. Justo Garate puede
acaparar los más altos juicios de valor, porque su persona,
su trabajo, su vida y sus entregas así lo están
exigiendo. Toda presentación laudatoria en este caso es
válida, porque sus méritos, humanos y científicos,
lo avalan y lo certifican. En esta ocasión y en el espíritu
de este epílogo es lógico que sea presentado como
una de las personas más insignes de la
cultura del exilio vasco pero, al mismo tiempo, como una de las
historias más atípicas de la diáspora vasca"
(1).
Con estas palabras comenzaba el epílogo que escribí
con ocasión de la publicación de la obra miscelánea
Justo Garate. Un crítico en las quimbambas. Autobiografía
y escritos (Bergara, 1993). Con estas mismas palabras, fruto
de la admiración y de la amistad hacia este bergarés
bueno e insigne, quiero empezar este estudio biográfico.
Ahora como siempre, en esta presentación biográfica
como en escritos anteriores, cuando hablo de la humanidad y de
la ciencia de Justo Garate me embargan los mismos afectos y las
mismas sensaciones. Desde esta tesitura de admiración y
de compromiso ofrezco a los lectores esta biografía que
he querido titular "Justo Garate: el humanismo como razón
de una vida" por pensar que es este principio de humanidad
y de humanitarismo lo que mejor define la propuesta existencial
del escritor y del científico bergarés.
Cuando
hace algunos años se publicó la obra Justo Garate
un crítico en las quimbambas. Autobiografía y escritos,
se pensó que el ensayista y médico bergarés
contaba con una biografía ya definitiva. En las páginas
de esta obra, el propio autor nos ofrecía unas extraordinarias
memorias, donde con una gran meticulosidad iba desbrozando las
diferentes partes de su vida. El lector seguía paso a paso,
de la mano de su autor, los vaivenes de una vida a lo largo del
paradójico siglo veinte. Desde la publicación de
esta obra, podría parecer que había poco que decir
sobre la vida, la obra y el pensamiento del ensayista bergarés.
En la vida de las grandes personalidades, parece que está
dicho todo cuando queda mucho por desentrañar y mucho por
comentar. Por eso, a esta obra se sumó el estudio de Elías
Amézaga El doctor Justo Garate. Crítico de críticos
(Bilbao, 1996), donde el escritor bilbaíno, a base
de retazos críticos, ofrecía un
cuadro expositivo lleno de admiración y de profundo cariño
hacia uno de sus grandes maestros, "El doctor Justo Garate".
A este trabajo, habría que añadir algunos trabajos
críticos meritorios (2)
como igualmente pequeñas pero sentidas glosas que
tomaban la vida y la obra del médico guipuzcoano como temática
central de los escritos o de las conferencias pronunciadas
(3).
La prensa de ambas patrias, País Vasco y Argentina, es
un buen testimonio de lo afirmado. Ahora es Eusko-Ikaskuntza quien
se compromete con otra semblanza biográfica para profundizar
en la existencia de este hombre que convirtió toda su vida
en una entrega generosa en pro de la humanidad y en nombre del
humanismo. El reto es difícil, pero es igualmente apasionante.
¿Qué se puede añadir a lo ya dicho? Las presentes
páginas pretenden ser la respuesta decidida y voluntariosa
a este reto. Por otro lado, este estudio quiere ser, a título
personal, un homenaje sentido hacia este vasco insigne en el centenario
de su nacimiento. Estas razones explican y justifican la aventura
crítica de esta presentación biográfica.
Soy consciente de las limitaciones y de las deudas que el presente
trabajo ofrece, pero, a pesar de todo, es una demostración
de gratitud y de fascinación por un hombre cuyo pensamiento
y cuya obra bien pueden ser reflejo y mira para la sociedad vasca
actual, tan problemática como tan llena de posibilidades
y conquistas.
Interpretar
la vida y la personalidad de un hombre es siempre indagar en las
claves significativas que explican los espacios interiores de
sus sentimientos y de su psicología: su modo de enfrentarse
a la vida a partir de un cúmulo de valores e ideales. Es,
al mismo tiempo, hurgar en las entrañas de una historia
política y de una historia cultural. El ser humano se hace
y se deshace en un tiempo concreto en medio de unas circunstancias
específicas. Por eso, si se quiere presentar la historia
personal de Justo Garate, es necesario adentrarnos en los espacios
interiores de la persona y analizar el contexto histórico
y cultural que le tocó vivir y, en cierto sentido, crear.
Por eso, he pensado que la forma más lógica de fidelidad
hacia el ensayista bergarés es valorar al hombre e interpretar
sus circunstancias. El resultado práctico
de esta metodología supone descifrar las claves de lo que
hemos denominado "El humanismo como razón de una vida.
Justo Garate" (4).
Infancia
y Juventud
Justo
Garate nació en Bergara el 5 de agosto de 1900 (5).
Fecha un tanto anodina en una época de fuertes tensiones
sociales. 1900 fue un año sin grandes acontecimientos políticos
ni eventos culturales. Sin embargo, en esos días se estaba
fraguando la suerte y el destino del S. XX. Europa vivía
de lleno la lucha de intereses económicos y coloniales
que obligaba a un desarrollo armamentístico sin parangón
hasta esas fechas, causa de la brutal guerra del 14. España,
después del desastre del 98, se encerraba en sí
misma, reviviendo un fuerte espíritu nacionalista. El País
Vasco iba descubriendo su propia personalidad al mismo tiempo
que reivindicaba un lugar propio en el contexto de la historia
de los pueblos. Por primera vez, el nacionalismo vasco se posicionaba
frente al nacionalismo español, marcando la vida social
y política de ambos pueblos. Frente a las tensiones políticas
y sociales, la ciencia y la cultura daban saltos de gigante en
un camino de final imprevisible. Justo Garate nació en
unas circunstancias históricas que podían preludiar
tanto expectativas sin límite como funestos resultados.

Bergara, 1915.
Sentados: D. Benito Garate Muguruza, Dña. Benita Arriola
de Garate. De pie entre ellos: Maritxu Garate Arriola. A la izda.,
atrás: Justo Garate Arriola, 2ªfila a la izda. Benito
Garate Arriola, de blanco junto a su padre Elías Garate
Arriola. A la derecha, atrás: Cleto Garate Arriola apoyando
su mano en Graciano Garate Arriola, de blanco, vestido de marinero,
Julián Garate Arriola.
Los
padres de Justo Garate, Benito Garate y Benita Arriola, eran originarios
de la localidad guipuzcoana de Elgoibar. Benito era del barrio
de San Pedro y Benita pertenecía al caserío Galburusoro.
Benito, como tantos vascos de la época, tuvo que emigrar
a Argentina, donde consiguió una cómoda situación
como ganadero cerca de la localidad de Tandil. A finales del S.
XIX, Benito Garate regresó al País Vasco para buscar
mujer y formar una familia. En Elgoibar conoció
a Benita Arriola, con la que se casó al poco tiempo. Bergara
fue la primera localidad de residencia de la nueva familia Garate
Arriola, que con el pasar del tiempo estuvo formada por los cabeza
de familia y siete hermanos, de los que Justo fue el mayor (6).
Con
un año de edad, Justo Garate viaja a Argentina con sus
padres, quienes establecen su residencia en la ciudad de Tandil.
Allí el padre retoma el negocio ganadero de crías
de oveja. Los primeros recuerdos del futuro escritor se ubican
en esta tierra de azules cielos y altiplanicies sin frontera.
Como es lógico, allí aprende el castellano con ritmo
argentino y el euskera paterno. Según nos cuenta el propio
autor en sus memorias, gracias a una niñera de origen luxemburgués
memorizó en esas tierras las primeras palabras y algunas
frases alemanas que olvidó con el tiempo. Desde niño,
Justo Garate perteneció a dos países de geografía
diferentes con dos formas de vida distintas. Experimentó
una dualidad existencial que iba a conformar su destino humano.
País Vasco y Argentina serán desde los primeros
años de su vida sus hogares y sus patrias. Es posible que
este hecho sea la razón que explica que el exilio posterior
del ensayista bergarés fuera tan poco dramático
en disonancia con el de la gran mayoría de exiliados vascos
de la Guerra Civil. Justo Garate, desde la más tierna infancia,
fue hombre de dos orillas y de dos patrias. Desde la niñez,
se nos presenta como un genuino vasco, habitante del mundo y ciudadano
del universo. Este sincretismo entre lo universal y lo local,
entra la universalidad del mundo y la particularidad de su etnia,
síntesis armoniosa y nunca tensiva ni problemática,
va a caracterizar el ser y el estar del profesor bergarés.

Elgoibar,
verano de 1920. Tras el fallecimiento de su madre, Cleto y Benito
parten a Argentina. Elías, Justo, Maritxu, Benito, Graciano
y Julián.
Otro
de los rasgos más característicos del comportamiento
y del saber de Justo Garate fue la facilidad que presentaba en
el aprendizaje de los idiomas materializada en el gran número
de lenguas que conocía. Dominaba con plena perfección
el euskera, el español, el francés, el alemán
y el inglés. Tenía conocimientos muy sólidos
del árabe, del latín, del danés, etc. Justo
Garate podía ser presentado como un consumado políglota.
Este afán de lenguas se explica por su necesidad de ampliar
siempre sus conocimientos, por su tendencia natural hacia la comunicación
directa con la gente, por una exigencia de profundización
y de comprensión del espíritu de las gentes, etc.
Pero esos rasgos de acción y sabiduría tienen sus
raíces en el bilingüismo real del niño y en
su apertura hacia otros idiomas como el alemán y hacia
otros ritmos lingüísticos como el español hablado
con distinta musicalidad por las diferentes gentes de su Tandil
infantil.
En
las tierras argentinas de Tandil tuvo que aprender también
sus primeras oraciones. Sus padres eran dos personas profundamente
religiosas, que supieron transmitir a sus hijos esos sentimientos
de fe y de esperanza en el más allá. Con ellos tuvo
que rezar con frecuencia el "Aita gurea" y demás
oraciones euskéricas, ya que normalmente se reza en la
lengua de origen, en el idioma natural. Una de las características
que define el espíritu de Justo Garate, su profunda religiosidad,
tuvo su origen y su arraigo en esos primeros años de vida
en tierras argentinas. Desde entonces y para siempre Justo Garate
se presenta como hombre profunda y responsablemente religioso.
Si
en los primeros años de la vida, el ser humano aprende
un tanto por ciento muy elevado de todos sus conocimientos, en
el caso de Justo Garate este dato se hace realidad, ya que allí
fue asimilando y madurando parte de lo que más tarde serían
sus pilares de vida y de acción: religión, familia
e, indirectamente a través de la lengua, patria. El cuadro
espiritual del escritor bergarés se iba formando desde
la más tierna infancia en ese país tan suyo y tan
querido que fue Argentina.
En
abril de 1906 la familia Garate regresa al País Vasco y
en 1907 retornan a Bergara. Nos dice el ensayista que "A
mediados de septiembre fuimos todos a vivir a Bergara. Mi padre
eligió con buen acierto esta población con miras
a nuestra educación, teniendo en cuenta las buenas instituciones
de enseñanza que allí había" (pp. 11-12).
Este regreso supone el reencuentro del futuro escritor y médico
con su otra tierra y con su otra patria: Euskalerria.

Buenos Aires,
10 de Diciembre de 1937. Desembarco de la familia Garate del barco
holandés "Alcyone".
Justo
Garate se distinguió desde pequeño por su despierta
inteligencia, por su espíritu nervioso, por su personalidad
inquisitiva y por su prodigiosa memoria. Sus libros y su trabajo
son buena muestra de su inteligencia y de su espíritu abierto.
Era capaz de mantener interesantes conversaciones de los temas
más variopintos y dispares entre sí. Sus amplios
conocimientos basados en su asombrosa memoria hacían de
él un ingenioso conversador y un temido polemista. Muchas
de sus vivencias demuestran una gran inteligencia y una memoria
inusual. Cuando tuve oportunidad de visitarle en su casa de Mendoza,
allá por el año 1992, cuando ya había sobrepasado
la edad de noventa años, entablamos una conversación
sobre ciertas figuras de la cultura vasca. Para mi asombro, no
sólo recordaba los autores y los títulos de los
libros mencionados, sino también recitaba largas citas
textuales con indicación expresa de las páginas
en que se encontraban. Si era capaz de conservar dicha memoria
a sus noventa y dos años, ¿cuál sería la
que pudo tener a los veinte o a los treinta años?
La naturaleza abierta y avispada del niño le lleva a ser
un buen lector y un excelente estudiante, preocupado por múltiples
materias y aficionado a diversos temas. Sus asignaturas favoritas
fueron muchas y variadas. Entre ellas podemos destacar la geografía,
las lenguas vivas, la historia, la literatura, la química,
las ciencias naturales, etc. Se sentía fuertemente atraído
tanto por los temas de humanidades como por los de ciencias. Se
puede decir que se entusiasmaba por todas aquellas materias que
podían suscitarle interés y que podían enseñarle
cosas nuevas. No es raro que a una edad tan temprana estuviera
abierto a asignaturas tan dispares. Sin embargo, este interés
por tantas materias y por objetos tan variopintos explica perfectamente
el sentido enciclopédico de sus saberes. Justo Garate fue
de niño y de mayor una mente abierta, siempre interesado
por la suerte del mundo y por marcha de la ciencia. Su preocupación
humanista fue seguramente resultado de este afán de análisis
y de conocimiento.
Estos
datos nos revelan que los años de primaria y bachillerato
fueron tiempos de estudio, donde el niño llevaba una existencia
feliz sin problemas y sin sobresaltos. Fue un estudiante destacado
y muy apreciado por sus profesores. Él, igualmente, mantuvo
un grato recuerdo y una profunda veneración por aquellos
abnegados profesores del Colegio de los Padres Dominicos de Bergara.
En Un crítico en las quimbambas nos dice Justo Garate:
"Recuerdo a algunos de los padres del Colegio de Bergara,
magníficos profesores, con gran añoranza. Además
del padre Benigno Sánchez (profesor de francés),
estaba el padre Manuel Sainz, méxicano, escritor y profesor
de Historia de España y de Preceptiva Literaria. Había
otro padre que nos inició en la política, aprovechando
cualquier hecho de actualidad para comentar en clase… El padre
Marino Beamurgía, rector alavés, me introdujo en
la química" (pp. 12-13).
Durante
estos años de despreocupada alegría y de monotonía
escolar, Europa se desgarraba en una funesta guerra. En 1914 estalla
la Primera Guerra Mundial. Justo Gárate, en esos años
de juventud, se siente germanófilo. Era la deuda que tenía
hacia las lecturas realizadas de autores alemanes. Aunque vive
de cerca los altibajos de la guerra, se siente seguro y lejano
de los estragos de la conflagración mundial. Es la suya
una preocupación cultural de carácter socio-histórico.
En la Península Ibérica arreciaban las tensiones
nacionalistas entre vascos y españoles, dándose
un enfrentamiento cada vez más enconado. Sin embargo, por
talante y por edad, eran luchas internas que no afectaban directamente
a nuestro joven estudiante.
Estudios
universitarios
Una
vez concluido el bachillerato, inicia la carrera universitaria.
Tentado tanto por los estudios de Filosofía y Letras como
por los de Medicina, se decide por estos últimos. Una de
las grandes preocupaciones que tuvo Justo Garate desde muy joven
fue el carácter útil y práctico de sus estudios.
Otro de los rasgos que presenta su vida es su profunda preocupación
por el hombre, su talante humanista. Por eso, creo que la elección
se debió precisamente a este sentido útil y humanitario
que veía en la medicina frente a la naturaleza erudita
y más bien teórica de las humanidades. Las ciencias
humanas pudieron perder un buen paladín, pero las ciencias
médicas ganaron un excelente profesional. Sin embargo,
la postura que toma a favor de unos estudios científicos
no significa el olvido o la marginación de las materias
humanísticas. Justo Garate sabe conjugar la ciencia con
las humanidades (7).
Incluso, llega a compaginar tan felizmente dichas disciplinas
que se puede hablar de Justo Garate como el científico
humanista o como un humanista científico.
En
1917 realiza el curso preparatorio en la universidad de Valladolid,
iniciando ese mismo año la carrera de medicina. En la ciudad
castellana cursa los dos primeros años. En la universidad
de Barcelona aprueba los dos siguientes cursos, tercero y cuarto.
En 1921 gana por concurso una plaza de alumno interno en el hospital
de Basurto de Bilbao. Como Bilbao no contaba con una facultad
de medicina, tiene que continuar sus estudios como estudiante
libre. Este hecho le lleva a examinarse en Santiago de Compostela
del quinto curso y en Madrid de sexto y último curso. En
estas condiciones ultima los dos años finales de la carrera
de medicina. Justo Garate se licencia en medicina el 25 de junio
de 1923.
El
período que va desde 1917 hasta 1923, época de evolución
de la juventud a la madurez y tiempo dedicado a los estudios de
medicina, va a ser un tiempo de gran importancia en la vida y
en el espíritu del científico vasco. Por un lado,
refuerza sus convicciones profesionales, por otro, descubre su
identidad ideológico-política y, finalmente, afirma
sus principios de vida y trabajo. El joven médico posee
unas ideas claras de lo que quiere y de lo que busca en la vida
y en la profesión. Justo Garate entra en la etapa de la
madurez personal.

Zaragoza,
1935. Conferencias del Dr. Justo Garate en la Facultad de Medicina
de Zaragoza. 1ª fila: Sánchez Guisande (Decano), Justo
Garate, Felipe Jiménez de Asua.
Como
profesional, se inclina por unos conocimientos prácticos
que superen los puros planteamientos teóricos. Fue la gran
lección que aprendió en Valladolid de la mano de
su profesor de anatomía don Ramón López Prieto.
La medicina frente a la realidad del dolor y de la muerte tiene
que ofrecer respuestas concretas. Esta búsqueda apasionada
de soluciones le lleva a abandonar las aulas universitarias en
Barcelona para enfrentarse directamente con la enfermedad en el
Hospital de Basurto. Su permanencia como alumno interno en el
prestigioso centro hospitalario bilbaíno responde a esta
búsqueda de verdad y de conocimiento. Este espíritu
observador y analítico, característico durante sus
largos años de profesión, le van a abrir las puertas
de la medicina tanto en España como en Europa y, más
tarde como consecuencia del exilio, en América. Son, igualmente,
las preocupaciones que transmitirá a sus alumnos universitarios
de Bilbao y de Argentina. La gran obsesión de Justo Garate,
tanto en el ámbito de la experiencia médica como
en el campo de la enseñanza universitaria, fue aplicar
y enseñar el sentido práctico de la medicina.
Los
años transcurridos en Barcelona, los cursos de 1919-1920
y de 1920-1921, son capitales desde el punto de vista de su ideario
político. En Barcelona se identifica plenamente con las
ideas del nacionalismo vasco. Sin embargo, en un primer momento,
este encuentro es más de carácter cultural-lingüístico
que ideológico-político. En la ciudad Condal se
encuentra y entabla amistad con Telesforo Aranzadi, profesor de
botánica y antropología, uno de los líderes
culturales del renacimiento cultural vasco. Igualmente mantiene
ciertas relaciones con don Ángel Apraiz, profesor de estética
literaria y hombre identificado plenamente con la cultura del
País Vasco. Estos prestigiosos profesores le indican el
camino que le va a llevar hacia la ideología del nacionalismo
vasco. Aunque no conste en sus memorias, hay que deducir que el
nacionalismo catalán tuvo que ser un punto de referencia
ineludible en sus planteamientos sobre asuntos de nacionalismo
y de nacionalidad. A esto hay que sumar su profunda amistad con
Ángel Irigay, melómano empedernido y gran vascófilo
que supo contagiarle su afición por la música clásica
y por la cultura de la lingüística vasca. De manera
consciente se enfrenta con los problemas de la lengua vasca. El
verano de 1921 dedica la gran mayoría de su tiempo al perfeccionamiento
sistemático del euskera. La cultura y la lengua vascas
fueron los trampolines que le lanzaron al mundo del nacionalismo
vasco.
El
primer paso hacia el nacionalismo lo realiza a través de
la lectura de las obras de Sabino Arana. Siente admiración
por la inteligencia y por la capacidad de organización
que ofrecía el líder vasco, pero se siente defraudado
por los errores culturales y por los extremos del sabinismo. Se
siente mucho más identificado con la línea del nacionalismo
vasco navarro de Campion, Aranzadi, Irujo, etc., o con la línea
mantenida por la Sociedad de Estudios Vascos mucho más
abiertos y dialogadores que con el de los seguidores fieles e
incondicionales del líder nacionalista. El espíritu
crítico y empírico de Justo Garate le impide una
identificación plena con las doctrinas del Partido Nacionalista
Vasco. Aunque próximo emocionalmente, se aleja racionalmente
de sus posturas y programas. Incluso asumió una postura
activa en el Ateneo Nacionalista Vasco, pero su actividad fue
un tanto circunstancial, sorprendido por los extremos y por la
intolerancia de sus dirigentes. Durante estos años, Justo
Garate presenta un espíritu de fuertes oscilaciones entre
su identificación emocional por el nacionalismo vasco y
su rechazo hacia sus abusos y contradicciones.

Tandil, homenaje
a Barcia Trelles. José A. Cabral, Sr. Barcia, Justo Garate,
Directivos del Centro Republicano Español y Biblioteca
Rivadavia.
Una
carrera de medicina tan atípicamente realizada debido a
la pluralidad de residencias y de lugares de estudio respondía
en parte a esa vocación de viajero empedernido que presentaba
desde niño y a su afán siempre abierto de nuevos
conocimientos. Por otro lado, esta necesidad de nuevos caminos
se correspondía con su gran afición por la geografía.
Tuvo ocasión de conocer gran parte de la península.
Pero estas estancias no eran las típicas del turista que
busca el descanso o una relación impersonal con el medio
humano y con el contexto geográfico. Justo Garate procuraba
dialogar con los lugareños de cada localidad y conocer
en profundidad la geografía visitada para meditar sobre
las relaciones que guarda el hombre con su tierra. Procuraba conocer
la geografía humana para entender sus comportamientos y
actitudes. Aplicaba la metodología clínica de análisis
a sus viajes y a sus estancias por las diversas regiones españolas.
Justo Garate presentaba una profunda preocupación por el
conocimiento de las almas de los pueblos.
Fueron
también años importantes desde la perspectiva de
la emocionalidad personal. En febrero de 1920 falleció
su madre debido a un cáncer de estómago. La pérdida
de la madre significó un trago muy amargo. La imagen de
la madre estuvo presente en el corazón del ensayista a
lo largo de toda su vida. Sentía por ella un profundo amor
y una honda admiración. Frente a la ausencia de la madre,
encuentra en unas fiestas vascas en la localidad de Mañaria
a la que sería su esposa, su compañera y su amiga
a lo largo de muchos años de existencia, hasta su muerte
en 1994: Itziar Arostegui. Era el verano de 1922.
Se
puede decir que a la temprana edad de sus veinte años,
Justo Garate ha formado su espíritu y ha consolidado sus
ideales de vida: responsabilidad religiosa, amor patrio, fidelidad
familiar y entrega profesional. Religión, patria, familia
y profesión conforman los cuatro ejes esenciales de su
vocación y de su apuesta como hombre. Estos principios
de vida son razones sólidas que ha ido adquiriendo poco
a poco a lo largo de sus experiencias en sus años de existencia
y de aprendizaje y que le servirán en todo momento como
guías sagradas de conducta y de valor.
Con
el título de licenciado en medicina (25 de junio de 1923),
decide culminar sus estudios universitarios con la realización
del doctorado, cuyos cursos realiza en Madrid. Acabados éstos,
se presenta ante el Doctor Areilza y le comunica su idea de continuar
sus estudios en el extranjero. La marcha al extranjero como culminación
de los estudios universitarios era una costumbre muy arraigada
entre la población universitaria del País Vasco.
Sorprende el número de intelectuales y de científicos
que dio este país a la cultura española. El estudio
de las razones de este fenómeno es una de las lagunas serias
que existe en nuestra historia. Uno de los muchos ejemplos fue
el de Justo Garate. Éste consiguió aunar dos ayudas
para realizar sus sueños de especialización y estudio.
Con la beca concedida por el Hospital de Basurto más la
beca otorgada por la Diputación de Guipúzcoa marcha
a París en febrero de 1924. De París se traslada
a Estraburgo, iniciando un amplio periplo por diversas universidades
europeas. De Estraburgo va a Freiburgo y de allí vuelve
a París para retornar a Bergara en septiembre de 1925.
Fueron dos años intensos de estudios, experiencias diversas
y viajes.
Alemania
y Francia van a ser países clave en la formación
espiritual y cultural de Justo Garate. En París se convierte
en miembro asiduo de la tertulia de Miguel de Unamuno en el Boulevard
Mont Parnasse. Conoció durante ese tiempo al cineasta Buñuel
y de la mano del gran artista Ucelay tomó contacto con
los pintores y con la bohemia parisina. Eran los felices años
veinte, tiempos de despreocupada alegría y de fuertes crisis
sociales. En Alemania se identificó plenamente con el sistema
educativo y cultural germánico al mismo tiempo que vivía
los inicios de las fuertes tensiones sociales que desembocarían
años más tarde en el nazismo.
En
octubre de 1925 se inicia el segundo viaje cultural por Europa.
En esta ocasión, el lugar de destino es Berlín.
Como el propio Justo Garate nos narra en sus memorias, Patxo Belausteguigoitia
tenía intención de crear un Instituto de Cáncer
en Bilbao. Desde un principio, Belausteguigoitia contó
con Justo Garate para la creación del Instituto, especialmente
por sus conocimientos de alemán. Los estudios se fueron
ampliando en otras universidades alemanas como Heildeberg. Así
se fue especializando en química fisiológica,
anatomía patológica, etc. En Berlín, inició
sus estudios sobre "Dos variantes de la reacción de
Abderhalden", que sería el tema de su tesis doctoral.
Defendería su tesis en Madrid en enero de 1927 (8).
La calificación fue de sobresaliente. Con la defensa de
su tesis doctoral terminaba Justo Garate sus estudios universitarios.
Durante
este tiempo que va desde 1925 a 1927, la situación alemana
había adquirido ciertos tintes siniestros. La crisis socio-económica
presentaba características alarmantes. El nazismo iba adquiriendo
cada vez más fuerza entre el pueblo alemán. Justo
Garate seguía sintiendo verdadera admiración por
la cultura alemana, pero cada vez veía con más recelo
el auge que iba adquiriendo el totalitarismo político de
Hitler. En España eran años en que dominaba con
pleno poder el directorio de Miguel Primo de Rivera. La intelectualidad
española, salvo contados ejemplos, como el de Miguel de
Unamuno, exiliado en Francia, vivía sin grandes alarmas
la dictadura militar. Es más, como hijos de una burguesía
pudiente, se encerraban en los logros de una literatura purista,
muy poco comprometida con la realidad social y política
de la España del momento. Los intelectuales españoles
vivían una situación personal que poco tenía
que ver con la realidad social del momento. José Ortega
y Gasset escribía por esas épocas obras tan significativas
como La Rebelión de las masas o La deshumanización
del arte. El filósofo madrileño se erigía
en modelo ideológico de los nuevos grupos artísticos.
En Euskalerria, el nacionalismo vasco iba adquiriendo cada vez
más fuerza, especialmente entre las masas populares, la
burguesía media y el clero. Esto significaba una oposición
cada vez más enconada frente al nacionalismo español.
A su vez, el enfrentamiento entre las denominadas derechas e izquierdas
iba adquiriendo posiciones más extremas. El País
Vasco se iba convirtiendo en un campo de batalla de ideologías
y de posturas políticas. En este contexto de tensiones
y enfrentamiento, Justo Garate vivía inmerso en el espacio
del aprendizaje científico con la idea de ofrecer a su
sociedad un servicio médico a la altura y en las condiciones
de los otros países europeos. Eran momentos en que la ciencia
médica le preocupaba más que la realidad política.
De
1924 a 1927 fueron años importantes de asimilación
de conocimientos médicos y de maduración humana.
Con la defensa de la tesis doctoral termina propiamente el aprendizaje
universitario y se lanza al mundo del conocimiento científico.
Igualmente, desde el punto de vista personal, vive situaciones
nacionales de gran tensión que le harían reflexionar
sobre la realidad y la verdad de la política del momento.
Su fuerte espíritu crítico y el sentido práctico
que buscaba en todas sus actuaciones le tuvieron que descubrir
tanto las posibilidades ilimitadas que ofrecía el ser humano
como los riesgos funestos que producían sus irresponsables
conductas. Justo Garate, con un espíritu agridulce, tenía
que observar las innegables victorias y las incuestionables caídas
del hombre en su tiempo histórico y en su espacio geográfico.
Europa era el campo de demostración de todas estas fuerzas
contrarias e incontrolables.
De
esta época datan propiamente sus primeros escritos. Frecuenta
las páginas de las revistas más conocidas del ámbito
cultural vasco y su nombre aparece como autor de importantes estudios
sobre ciertos temas de medicina. Cultura vasca y cultura médica
van a formar desde este momento los dos frentes de su actividad
intelectual, siendo la Revista Internacional de Estudios Vascos
y la Revista Clínica de Bilbao donde colabora de
forma más asidua durante estos años.
Matrimonio y medicina
Los
años pasaban con celeridad vertiginosa. Una vez acabados
sus estudios universitarios, Justo Garate podía formar
una familia porque con su flamante título de doctor en
medicina poseía los medios necesarios para ofrecer a los
suyos una vida digna y económicamente estable. Desde el
año 1922, en el que conoció a Itziar Arostegui,
sus relaciones con la joven habían ido fructificando en
un amor recíproco y en una amistad compartida.

Tandil, 1953.
Mitxel, Amaya, Justo, Nere y Javier Garate. Sentada Itziar Arostegui
de Garate.
Itziar
había nacido el 24 de enero de 1906 en la localidad guipuzcoana
de Rentería. Su padre, José Arostegui, era natural
de Orio, perteneciente a la conocida familia de los Arostegui.
Los "Talleres Arostegui", dedicados a la reparación
de barcos, situados a pocos metros de la plaza de Orio, constituían
el negocio familiar. Su madre, Genara Arbide, natural de Idiazabal,
pertenecía a una familia muy religiosa. Diversos miembros
de la familia ejercían el ministerio sacerdotal.
Como en el caso de los Garate- Arriola, la familia de Itziar Arostegui
se caracterizaba por su arraigada fe y por su profunda religiosidad.
Itziar era la mayor de seis hermanos (9).
Físicamente era una joven muy agraciada. Su hermosura y
la delicadeza de su forma de ser eran tal que era conocida como
"la virgencita de cera". Tuvo que sintonizar perfectamente
con Justo Garate, porque, como él, defendía como
principios de vida las razones de familia, religión, patria,
etc. Supo inculcar a sus hijos sus propios ideales de fe, su amor
al vasquismo, su sentido de libertad y la responsabilidad frente
a la vida y frente a los demás. A lo largo de toda la vida,
fue amada y admirada por todos los miembros de la familia y por
todos aquéllos que tuvieron la dicha de compartir su amistad
y su compañía.
Justo
e Itziar se conocieron en la romería vasca que se celebraba
anualmente en unas campas de Mañaria. Era el día
9 de julio de 1922. Tal como me comentó su hijo Javier,
la fiesta patria de Argentina, que se celebra casualmente ese
mismo día, servía de festejo familiar
de dicho encuentro. Parece que fue un flechazo a primera vista.
Cuando ese día se despidió de ella, confesó
a sus amigos de partida: "¡Con esta chica me he de
casar!" (10).
Se casaron el septiembre de 1928 en la iglesia de Itziar
(11).
La unión de Justo e Itziar no sólo se concretó
en el matrimonio, sino en el trabajo a lo largo de los muchos
años de vida en común. Fue la secretaria eficaz
y abnegada en las labores de investigación y publicación
de las numerosas obras de su marido. Es difícil comprender
la ingente obra de Justo Garate si no se tiene muy presente la
labor silenciosa y sacrificada de su esposa. Por otra parte, fue
esposa y madre, encargada de llevar las riendas de la familia
y de inculcar en sus hijos unos ideales de vida compartidos por
el matrimonio. Una anécdota preciosa, clara demostración
de la avenencia entre las partes, era la costumbre de Justo de
piropearla con cierta frecuencia no sólo durante los primeros
años de matrimonio, sino a lo largo de toda la vida compartida,
incluso después de más de sesenta años de
casados. Fue un gran y duradero amor, basado en la entrega, en
la admiración y en el respeto.
El
mismo año de su matrimonio, pero unos meses antes, Justo
Garate sufre una de las pérdidas más sentidas y
recordadas. En marzo de 1928 muere su padre a causa de una hemorragia
cerebral. Se sentía desde niño muy próximo
a su padre. En distintas ocasiones ha manifestado la gran deuda,
tanto emocional como intelectual, que sentía hacia su progenitor.
Su prodigiosa memoria era, según Justo Garate, una cualidad
heredada de su padre. De él y con él aprendió
a dialogar con la naturaleza y a preguntarse por las causas profundas
de los fenómenos naturales y de las realidades humanas.
Pero especialmente, recibió de sus padres todo un cúmulo
de cualidades morales que le ayudaron a enfrentarse con la vida
y a formarse como hombre. Entre estas virtudes, una de las más
importantes, fue la capacidad de ver y valorar la vida y la historia
desde la óptica de un humanismo responsable y crítico.
La tristeza ante la muerte de su padre tuvo que ser honda como
grandes fueron el amor que sintió por sus padres y el reconocimiento
que demostró en todo momento.
Los
Garate establecen el domicilio y la consulta en la Alameda Urquijo
nº 24 (12).
Justo se presenta como doctor en medicina, especialista en diabetes
y en secreciones internas. La consulta tuvo un buen rendimiento
y la familia pudo vivir desde un principio con holgura económica.
Su manera de ser fría y analítica, su capacidad
de observación y de síntesis, etc., contribuyeron
de manera muy especial a su éxito profesional. Como Francisco
Belausteguigoitia seguía con la idea de crear en Bilbao
un Instituto del Cáncer, le propuso a Justo Garate la posibilidad
de marchar una vez más a Alemania a especializarse en patologías
cancerígenas. Marcha durante tres meses a Munich, a la
famosa clínica de Friedrich von Müller, donde estará,
acompañado de su joven esposa, desde mayo hasta agosto
de 1930.
Es
una época de efervescencia política. Alemania vive
de lleno el empuje del movimiento nazi. Incluso, tiene oportunidad
de asistir a un discurso de Hitler. Allí descubre la verdadera
naturaleza del nacional-socialismo alemán. Justo Garate,
hombre crítico y objetivo, no podía entender los
principios de pureza y superioridad raciales, los comportamientos
violentos de los grupos hitlerianos, el fanatismo de amplios sectores
de la sociedad que despreciaba el valor de la persona y del humanismo,
etc. Tiene la oportunidad de vivir la barbarie y la sinrazón
de las ideas fascistas. Justo Garate que en todo tiempo se presentó
como un incondicional germanófilo en el campo de la cultura,
en las circunstancias actuales no podía comulgar con las
ideas dominantes en Alemania. Era, a un mismo tiempo, un germanófilo
abiertamente antifascista.
Este
espíritu inquisitivo y crítico explica igualmente
sus ideas en torno al nacionalismo vasco. Sentía a Euskalerria
como su patria natural pero no comulgaba con las posturas extremas
del nacionalismo vasco. Sentía veneración por Sabino
Arana, pero no podía aceptar muchos de sus principios e
ideas por carecer de lógica y de sentido común.
La reverencia ciega que los nacionalistas vascos sentían
por su fundador no sintonizaba con el criticismo serio y racional
que aplicaba a sus formas de ser y de pensar. Quizá esto
explica que se sintiera más próximo a Acción
Nacionalista Vasca que al Partido Nacionalista Vasco. Justo Garate
fue uno de los promotores y miembros más activos de A.
N. V. desde su mismo año de fundación en 1930. Se
presenta por dicho partido como candidato a diputado por Guipúzcoa,
sabiendo que era imposible que pudiera acceder a dicho nombramiento
pero siendo consciente de que su postura implicaba un compromiso
político claro e indiscutible. Pronto dejó A.N.V.
por no poder conjugar los principios del partido con su lógica
política (13).
Sin embargo, las discrepancias políticas y los acercamientos
o alejamientos partidistas nunca significaron abandono de sus
ideales nacionalistas o enfriamiento de su sentimiento responsable
hacia Euskadi. Desde esta tesitura se explica su colaboración
directa con Agrupación al Servicio de la República
y su aceptación como candidato a las elecciones por dicha
agrupación. Justo Garate fue un auténtico
patriota vasco muy crítico con ciertas posturas partidistas
que distorsionaban la lógica política de sus ideales
(14).
Desde
estos planteamientos se entiende igualmente el ideal federalista,
nunca separatista, de Justo Garate. Para el ensayista vasco, la
razón básica que debe dominar en el comportamiento
político del hombre es la unión y no la disgregación.
Concebía una Euskadi autónoma dentro del concierto
del resto de países o nacionalidades, incluso más
allá de las puras fronteras españolas. Justo Garate
comulgaba con un ideal europeísta, donde todos los pueblos
pudieran en paz y en armonía desarrollarse plenamente tanto
política como culturalmente. Era la respuesta lógica
a esa forma de ser y de pensar donde los principios de humanismo
y de fraternidad regían todas las bases de valor y conducta.
Desde
este prisma empírico y racional se explican los principios
políticos del escritor vasco. Desde el punto de vista político,
como hemos mencionado, Justo Garate era un nacionalista de tendencia
federalista. Para Justo Garate un pueblo se define por su lengua,
su historia, sus tradiciones, etc. El País Vasco ofrece
unas señas de identidad inconfundibles que legitiman plenamente
sus ideales de nacionalidad. Sin embargo, todos los pueblos se
conforman con hombres, siendo unos iguales a otros, lo que hace
que todo conjunto humano, a pesar de sus diferencias y características
propias, tienda hacia la universalización. Esta aparente
paradoja entre particularismo y universalismo se resuelve en la
unión voluntaria de las gentes y en la comunión
libre de los pueblos. El nacionalismo federalista de Justo Garate
descansa en estas ideas basadas en la singularidad de los pueblos
y en el ecumenismo de la humanidad.
Esta
lógica de raciocinio se puede aplicar igualmente a sus
ideales religiosos. Justo Garate fue un hombre profundamente religioso
con una fe muy arraigada y una esperanza plena en la divinidad
y en el más allá. Sin embargo, su religiosidad no
era mojigata ni santurrona. No aceptaba el catolicismo cerril,
ritual y dogmático que dominaba en la práctica religiosa
del pueblo. Justo Garate poseía una fe firme consolidada
en fundamentos un tanto racionalistas. Supo superar felizmente
la criba del modernismo, dando a sus contenidos religiosos una
base deísta de carácter cristiano y liberal.
La
labor cultural del insigne escritor guipuzcoano se iba ampliando
poco a poco. Aunque sus espacios de investigación y de
trabajo siguieron siendo fundamentalmente los mismos, cultura
vasca y ciencia médica, la nómina de colaboraciones
y de revistas se expande considerablemente. A la Revista Clínica
de Bilbao y a la Revista Internacional de los Estudios
Vascos se suman nuevos títulos de gran
importancia en la vida intelectual del país. Anuario
de Eusko Folklore, Tierra Vasca, Euzkadi, Yakintza, Gure Herria,
Eusko Ikaskuntzaren Deya, Euskal Esnalea, La Tarde, La Voz de
Navarra, etc., (15)
son una buena referencia de las publicaciones donde de forma asidua
van apareciendo los artículos de Justo Garate. Igualmente,
en esta época, aparecen sus primeros libros. Algunos de
estos títulos fueron y siguen siendo referencia inexcusable
en la historiografía de la cultura vasca. Una muestra de
lo afirmado son Guillermo Humboldt (Bilbao, 1933), Ensayos
euskerianos (Bilbao, 1935), La época de Pablo Astarloa
y Juan Antonio Moguel (Bilbao, 1936), etc.
Justo Garate aparece como una de las figuras más importantes
del mundo cultural vasco (16).
La
relación de Justo Garate con las instituciones culturales
del país venía ya de tiempos pasados. En 1921 ingresa
como alumno en la Real Sociedad de Estudios Vascos. En 1933 entra
a formar parte de la directiva de dicha sociedad. Son momentos
de estrecha e intensa colaboración. Los numerosos artículos
publicados en la Revista Internacional de Estudios Vascos
así lo manifiestan. Desde ese mismo año, 1933, trabaja
como médico interno en el Hospital de Basurto. Relacionado
con otros médicos del país empiezan a cuestionar
la necesidad de crear una Universidad Vasca y, más concretamente,
una Facultad de Médicina. Un grupo de médicos funda
en 1936 la primera facultad de Medicina, que
tenía que funcionar como embrión vivo de una auténtica
universidad pública vasca (17).
Entre este grupo, se encontraba Justo Garate. Él se haría
cargo de la cátedra de Patología General. Profesionalmente,
se hallaba en un gran momento tanto de actividad como de reconocimiento.
En el País Vasco era uno de los intelectuales con mayor
prestigio y fuera del país, en el ámbito de la medicina
española, mantenía contactos permanentes y un cierto
grado de amistad con figuras tan relevantes como los doctores
Gregorio Marañón, Jiménez Díaz, etc.
Las
ideas padagógicas del doctor Justo Garate se pueden relacionar
estrechamente con los principios educativos del institucionismo.
No he leído en ningún trabajo, ni biográfico
ni crítico, la posible relación del médico
vasco con la Institución Libre de Enseñanza, pero
las analogías en la forma de interpretar la docencia y
de enfocar la enseñanza son tan grandes que es difícil
explicarlas sin una posible influencia de la Institución
sobre el profesor guipuzcoano. ¿Simple coincidencia de planteamientos?
Puede ser. Pero parece más lógico hablar de influencias
que de puras coincidencias. Una de las notas, planteadas en este
trabajo en distintas partes, es la visión práctica
de los estudios y el carácter operativo de los conocimientos.
Se impone la práctica sobre la teoría. Este principio
es claramente institucionista. La responsabilidad del profesor
frente al alumnado, no sólo desde una perspectiva puramente
académica sino también desde una posición
moral, tanto dentro como fuera de las aulas universitarias, es
igualmente institucionista. La prevalencia del diálogo
frente a la clase magistral le relaciona con la normativa institucionista.
La educación integral del alumnado, donde la formación
de la persona como hombre social se coloca por encima de la persona
como profesional o especialista, es también institucionista.
Elías Amezaga ha reflejado perfectamente esta vocación
pedagógica y humanista, cuando afirma que Justo Garate
en su actividad profesional como profesor universitario postulaba
"una relación de profesor y discípulo más
allá de la clase, que no se rompa una vez obtenidos los
títulos, relacionarse también
entre los compañeros a través de círculos
médicos" (18)
y más adelante señala que la verdadera preocupación
de Justo Garate era "sacar un ser íntegro
antes que un especialistas" (19).
Estas breves notas de Elías Amezaga reflejan fielmente
el espíritu institucionista de Justo Garate (20).
La
vida personal y profesional del médico vasco se hallaba
en un momento óptimo. En esos primeros años de la
década de los treinta, Justo Garate era un médico
respetado y con un éxito profesional apreciable; como profesor,
era querido y celebrado por sus alumnos; como intelectual, formaba
parte del reducido núcleo de los sabios del momento; como
persona, vivía felizmente su nuevo estado civil. Se puede
decir que Justo Garate en ese tiempo era un hombre triunfador
y feliz en la vida con un futuro envidiable. Sin embargo, los
vientos de la historia no ofrecían síntomas tan
halagueños ni esperanzadores. Europa vivía una paz
armada entre potencias que presagiaban un final trágico.
Cada país luchaba por imponer sus intereses sin meditar
en las consecuencias que sus actos podrían acarrear en
las otras naciones vecinas. Alemania quería, primero, limpiar
la deshonra del aciago final de la guerra europea y, segundo,
solucionar los momentos difíciles en que vivía su
población. El nacional-socialismo e Hitler habían
asumido la responsabilidad de dar respuesta a los grandes problemas
que en ese momento ofrecía la sociedad alemana. Mientras
tanto, Francia e Inglaterra gozaban de su situación privilegiada
sin darse cuenta de los riesgos eminentes que se les avecinaban.
En España, la situación estaba encrespada en una
lucha ya abierta entre derechas e izquierdas. La república
era una arena donde se estaba lidiando el toro peligroso de un
claro enfrentamiento político. A esto había que
sumar la oposición rabiosa que se estaba dando entre los
nacionalismos periféricos, especialmente vasco y catalán,
y el nacionalismo español. La sociedad española
había formado actitudes enfrentadas, donde era casi imposible
el diálogo y la conciliación. Tanto Europa como
España se encontraban en situaciones que presagiaban un
trágico desenlace. Justo Garate, hombre observador de la
realidad histórica, experimentaba la desazón frente
a una realidad política cada vez más viciada y peligrosa.
Ésta estalla en 1936 con la llamada Guerra Civil. La suerte
de España y del País Vasco salta hecha pedazos a
causa de la barbarie bélica. A partir de este momento hay
que hablar de una nueva historia y de una nueva experiencia personal,
marcadas todas ellos por el signo de la Guerra Civil.
Tiempos de guerra y de exilio
En
julio de 1936 estalla la Guerra Civil. Con la nueva situación,
desaparece la tranquilidad en la vida de Justo Garate. Va a experimentar
los vaivenes y las presiones de la nueva situación bélica.
Tiene que vivir los horrores de la guerra y sufrir el absurdo
de las conductas humanas. Con frecuencia tuvo que cuestionarse
sobre la razón y sobre la naturaleza del ser humano, capaz
de los actos más sublimes y de las actuaciones más
abyectas. Desconcertado por esta vorágine de sangre y destrucción,
tuvo que enfrentarse a una dramática realidad que se les
imponía sin buscarla ni quererla.
Aunque
le hubiera gustado mantenerse ajeno a grupos y a posiciones políticas,
no podía desentenderse de la cruda realidad social. Afirma
Justo Garate en sus memorias: "Durante la Guerra Civil me
mantuve neutral sin involucrarme en ningún
asunto. Fui nombrado médico militar, y aunque después
de una temporada quise renunciar no me lo permitieron. Procedía
con perfecta imparcialidad en el reconocimiento de los quintos"
(21).
Por eso, de una manera u otra, fiel a sus convicciones políticas,
coopera con la República y con el Gobierno Vasco como Miembro
del tribunal Militar de Bilbao. Fue igualmente uno de los colaboradores
más próximos e incondicionales de Jesús María
de Leizaola. Actuó como consejero de justicia y de cultura
del Gobierno Vasco.
El
fusilamiento del sacerdote José Markiegi, hermano de su
cuñado Florencio Markiegi, por el "grave" delito
de sintonizar y de trabajar por la cultura vasca, desborda los
límites de lo que lógicamente una persona puede
aguantar. Justo Garate sufre la barbarie de la guerra y la sinrazón
de los comportamientos humanos. Ve cómo en nombre de Dios
y de la patria se cometen los actos más repugnantes e incomprensibles.
En este contexto de guerra y destrucción, no hay lugar
para el sentido común. Todo es desafuero y absurdo. Por
otra parte, los acontecimientos políticos europeos no presagian
nada bueno. La paz armada en la que se había sustentado
Europa durante las últimas décadas empieza a dar
pruebas inequívocas de resquebrajamiento y van apareciendo
los primeros síntomas serios de un gran deterioro social.
Las ansias imperialistas de Hitler ponen a prueba el delicado
orden político. España está en guerra y Europa
sigue estos mismos pasos. Por todas partes, se impone la dramática
realidad de una guerra cruel y devastadora. En este contexto,
no hay sitio para entregas ni sentido para el heroísmo.
Justo Garate decide abandonar España y dirigirse a la tierra
de su infancia: Argentina. Es el retorno a las raíces del
pasado pero es igualmente la marcha consciente ante tanta barbarie
y ante tanto desafuero. Tiene que distanciarse del País
Vasco y de su historia, por la sencilla razón de que él
no es ni se siente ni político ni soldado, es un buen profesor
y un prestigioso médico. Estos avales no podían
funcionar ni servir en un estado militarista y bélico.
Justo
Garate era un nacionalista convencido de sentido federalista.
Por eso, en todo momento se siente identificado con la causa del
pueblo vasco y de la República. A su vez, el antiliberalismo,
preconizado por los movimientos fascistas, hacía que se
distanciase abiertamente de dichas posturas políticas y
se identificase con la causa republicana. Por otro lado, su espíritu
demócrata le obligaba a repudiar toda pretensión
política que fuera contra la voluntad soberana del pueblo.
Los fundamentos de humanismo, liberalismo y democracia, le hacían
ser y comportarse como un nacionalista de espíritu y como
un republicano de convicción.
Tiene
que abandonar todo: tierra, posesiones, profesión, futuro,
etc., para lanzarse a la aventura de un camino nuevo, lleno de
incertidumbre pero también pleno de esperanza. Deja en
el país, las posibilidades de hacer carrera política.
Acepta la misión de médico militar, pero pronto
percibe la imposibilidad de salvar al País Vasco de la
furia del fascismo. La profunda división del ejercito republicano
frente a la unidad cerrada del bando nacional, la distinta preparación
militar de ambos ejércitos, el armamento tan dispar usado
por los grupos combatientes, etc., le revelan que la suerte del
País Vasco está ya echada desde el primer envite
bélico. Convencido de la derrota, juzga que esa guerra
no es parte de su historia personal. Estos sentimientos o intuiciones
toman carácter de certeza tras los bombardeos de Durango,
Guernica, Bilbao, etc. Asume la decisión irrevocable de
la marcha a la Argentina.
Decide
poner a salvo, primero, a la familia. Después, como segundo
paso de esta estrategia de marcha, le tocará a él
la suerte de la retirada. "En septiembre de 1936, tras el
primer bombardeo a Bilbao, mi familia fue a Las Arenas, junto
con Florencio Markiegi y los suyos, quienes estaban hospedados
en nuestra casa desde su evacuación de Deba. Al cabo de
unos días, mi familia fue a Sopelana, donde yo les visitaba
una vez por semana y donde nació mi hijo menor, Mitxel.
Tras el bombardeo a Guernica, decidimos que mi esposa y mis hijos
partieran en el primer barco disponible. Y así
fue como el 5 de mayo de 1937 abandonaron el país en el
trasatlántico español "Habana" (22).
Tras múltiples penalidades y diferentes etapas, la familia
Garate llega a Bruselas, donde encuentra la
tranquilidad esperada, pero sufre, al mismo tiempo, la ausencia
del cabeza de familia (23).
Una
vez solucionado el problema de la familia, queda pendiente su
propia salida. A punto de caer Bilbao, es nombrado médico
de la expedición de unos quinientos niños con destino
a la Citadelle, edificio que el gobierno francés había
cedido en la localidad de San Juan de Pied de Port como escuela
y vivienda para los niños vascos refugiados. La salida
se realizó en el puerto de Santander. Allí pasó
los primeros apuros serios, cuando unos milicianos quisieron impedir
su embarque aduciendo la razón de su juventud. Se pudo
solucionar el entuerto, embarcando en un barco bretón,
costeado por el gobierno vasco. En el pasaje se encontraba Vicente
Amezaga, figura capital de la cultura del exilio vasco. En alta
mar se sucedieron los problemas. El momento más crítico
se dio cuando el acorazado Cervera detuvo la embarcación
para inspeccionar a sus ocupantes. Las palabras del capitán
debieron convencer a los oficiales nacionales, ya que les permitieron
continuar su marcha. En caso contrario, es fácil imaginar
la suerte tan distinta que hubieran tenido Justo Garate y Vicente
Amezaga. Sin más incidencias dignas de mención llegaron
a su destino, el puerto de Burdeos. Allí, gracias a las
gestiones del Sr. Barriola, delegado del gobierno vasco en la
ciudad francesa, se prepara un tren especial con destino a San
Jean de Pied de Port. Después de mil incidentes y peligros,
la comitiva con los quinientos niños y con veinte jóvenes
andereños entran en La Citadelle.
De
San Jean de Pied de Port se dirige a la capital francesa, donde
tiene la oportunidad de visitar la Exposición Internacional
de París. Una etapa más y llega a Bruselas, donde
le esperaba el resto de la familia. El encuentro se verificó
a principios del mes de julio. Fueron días de tranquilidad
y estudio. Por las mañanas iba diariamente a la Bibliteca
Albertina y por las tardes daba largos paseos por los amplios
bulevares y por los hermosos parques de la capital belga. La fuerte
desazón interior que le podían producir las vivencias
pasadas y el recuerdo de la guerra era mitigada, por lo menos
exteriormente, con esta apacible y tranquila existencia.
Bélgica
era un lugar ideal para vivir y para trabajar. Bruselas podía
haber sido el nuevo lugar de residencia de la familia Garate.
Pero Justo tenía plena convicción de la irreversibilidad
de una segunda conflagración mundial. Por eso, desde un
primer momento, veía en el continente americano el lugar
definitivo en su largo y penoso peregrinar. La duda estaba en
el destino a tomar. Añoraba las posibilidades laborales
y de vida que le ofrecía Estados Unidos, no le disgustaba
México, Argentina era su segunda patria. La realidad le
disipó toda posible duda. Sus hermanos que se encontraban
en Argentina le mandaron el dinero para hacer frente a los costos
del viaje. "Embarcamos en Rotterdam el 13 de noviembre de
1937, en el barco de carga Alcyone. Habíamos convenido
con la compañía que nos conduciría directamente
hasta Montevideo. Me pareció muy peligroso hacer escala
en Canarias o en algún puerto gallego y portugués.
En Montevideo nos recibió mi cuñado
Tomás Arostegui, quien nos acompañó a Buenos
Aires. Allí llegamos el 10 de diciembre del mismo año"
(24).
A finales del año 1937, Justo Garate inicia la segunda
etapa de su vida, su experiencia americana, fase existencial larga
en años y plena en entregas. En Argentina, entre Tandil
y Mendoza, transcurrirán casi sesenta años de trabajo
con el que ganará un merecido reconocimiento tanto en América
como en Europa. Allí entregó lo más granado
de su vida y de su saber, pero allí recibió una
fraternal acogida y se le permitió realizar una gran labor
humana y profesional.
Sin
lugar a dudas, la vida de Justo Garate se truncó con el
estallido de la Guerra Civil. ¿Qué pudo ser y qué
pudo hacer en su patria de origen, si la marcha de la historia
hubiera sido otra? Dar una respuesta a esta pregunta significa
entrar en el resbaladizo campo de las disquisiciones y de los
futuribles. Es fácil que la vida de Justo Garate no sufriera
grandes alteraciones ya viviera en el País Vasco o en Argentina.
Es lógico suponer que tanto en un sitio como en otro dedicaría
todo su tiempo a sus grandes vocaciones o entregas: familia, religión,
profesión y patria. Pero también es posible que
su vida hubiera podido ser muy distinta. Toda alternativa es una
interrogante y la propia vida es una carrera de elecciones que
está dejando al margen todas las opciones abandonadas.
¿Qué pudo ser y qué pudo hacer? Eso ya no importa
ni interesa. La realidad es que su vida y su actividad profesional
tuvieron que desarrollarse en otras latitudes, lejos del País
Vasco, como consecuencia de la Guerra Civil y del exilio.
La
postura que adopta Justo Garate frente al exilio y frente a la
integración a su nueva patria, Argentina, es una nota que
define su personalidad y que la diferencia de la gran mayoría
de los vascos del exilio. Si para casi la totalidad de expatriados
de la comunidad vasca, la diáspora fue un estigma de muy
difícil superación, para Justo Garate el adiós
a su tierra y a sus gentes tuvo que ser una experiencia dolorosa,
aunque fue igualmente una vivencia asumida sin traumas. Su integración
en la nueva tierra de residencia fue desde un principio fácil
y completa. Esta postura, sorprendente a primera vista, se explica
con plena lógica desde el prisma del espíritu crítico
dominante en la personalidad del escritor bergarés. Frente
a la emocionalidad nostálgica de los exiliados que buscaban
como tabla de salvación cualquier atisbo de esperanza en
la vuelta al país de origen, Justo Garate juzgó
fríamente la realidad histórica que se imponía
y vislumbró que la suerte estaba echada y que el futuro
de los vascos era el exilio. Aceptó su suerte y marcó
su destino en la nueva patria, Argentina, país propicio
para proseguir su tarea científica y su labor humanística
sin olvidar en ningún momento el compromiso asumido con
su tierra de origen. Este dato explica también la razón
por la que desde un primer momento se preocupara por integrarse
en el nuevo medio geográfico. Frente a sus coterráneos
que suspiraban por el regreso, Justo Garate
opta por la integración. Ésta era la respuesta más
lógica a la situación histórica imperante
en esos momentos (25).
En busca de la segunda patria
Europa
se hallaba en un momento crítico, en el que los países
aliados no imaginaban la posibilidad de una guerra de alcance
imprevisible, mientras la Alemania nazi vivía entregada
plenamente a la preparación de la misma. Poco tiempo después
se iniciaría la Segunda Guerra Mundial, el acontecimiento
histórico más destructor y mortal de la historia
de la humanidad. Justo Garate había acertado en sus premoniciones.
Europa y Bruselas habían dejado de ser lugares idóneos
para un trabajo digno y para una vida tranquila como consecuencia
del estado de preguerra en que estaban viviendo. Mientras tanto,
España se desangraba en una cruenta guerra civil, donde
los ejércitos nacionales iban poco a poco, pero de forma
imparable, arrinconando y diezmando a las fuerzas republicanas.
El País Vasco callaba, enmudecido cultural y lingüísticamente
bajo el peso del vencedor. El renacimiento cultural vasco había
desaparecido bajo la presión del nacional-catolicismo.
La historia de España y la historia de Europa eran la crónica
de un desafuero humano, donde el poder de la fuerza militar se
imponía a la lógica y al sentido común.
Ante
este cúmulo de circunstancias, Justo
Garate estaba plenamente convencido de que su estancia en tierras
argentinas era algo irreversible y duradero (26).
Por eso, inicia los trámites legales para revalidar en
dicho país su título de doctor. El día del
examen fue el 18 de julio de 1938, segundo aniversario de la sublevación
militar. El resultado del examen fue altamente satisfactorio.
Con el aprobado, podía ejercer la profesión médica
en Argentina. Su destino fue la ciudad de Tandil, ciudad relacionada
con su infancia y con su familia. Allí abrió su
segunda consulta e inició su trabajo como médico,
alcanzando en poco tiempo, gracias a diversos casos espectaculares,
un gran prestigio profesional.
Un
párrafo de su biografía define perfectamente su
ideal de trabajo y su comportamiento como médico. Nos dice
Justo Gárate: "Trabajé en el Hospital Santamarina
trece años sin cobrar nada, ayudando a los obreros y a
los más necesitados. En cambio, no quise colaborar en la
Sociedad Española porque, a pesar de
estar constituida por gentes de muchos ingresos, pagaban una cuota
ínfima. Prefiero ayudar a los pobres a cambio de nada que
trabajar para los ricos por muy poco" (27).
En estas breves líneas se puede descubrir una vez más
el talante profesional del médico y el espíritu
altamente humanitario de la persona.
Durante
esos primeros años de vida en Tandil, la Segunda Guerra
Mundial se encontraba en su momento más álgido.
Justo Garate era germanófilo por su cultura, pero antialemán
por su política. Por eso, tuvo que experimentar con gran
desasosiego el rumbo inicial de la guerra, pero, más tarde,
vio con satisfacción la nueva dirección que iba
tomando. Rusia marcó definitivamente la suerte de la guerra
y proclamó el triunfo de los aliados. Desde entonces, toda
la guerra fue un recular continuo de las tropas alemanas hasta
la toma de Berlín y el suicidio de Hitler. Mientras tanto,
millones de muertes, cientos de ciudades destruidas, una generación
desbaratada, Europa destruida y arruinada, una conciencia de crisis
total, etc. Será la época de los existencialismos
más rabiosos. ¿Qué se podía esperar del hombre,
si éste era capaz de las acciones más ignominiosas?
Se imponía el absurdo como expresión de vida. A
su vez, España vivía el triunfo del franquismo y
experimentaba el silencio de los vencidos bajo el peso de una
victoria "providencial destinada a cambiar los destinos del
mundo". La ilusión puesta por los exiliados vascos
y españoles en la victoria de los aliados que esperaban
como dinámica de dominó la caída de todos
los fascismos iba desapareciendo con el paso del tiempo. Incluso,
a principios de la década de los cincuenta, con sorpresa
y con amargura comprueban cómo las potencias aliadas y
la Santa Sede legitiman la política fascista de Franco.
Una vez más, la historia da la razón a Justo Garate,
aunque esta razón significara el fin de las esperanzas
para miles de exiliados. Mientras tanto, Argentina vivía
un momento de bonanza económica y social. Se colocaba entre
los diez países más ricos del mundo debido a su
potencial ganadero y a sus riquezas cerealísticas. Durante
los años de la guerra mundial y de la primera posguerra,
Argentina se convierte en el granero alimenticio de Europa y América.
Ésta es la Argentina que conoció y en la que vivió
la familia Garate durante su primera etapa de asilo.
Justo
Garate se integra plenamente en el ambiente médico e intelectual
de Argentina. Su prestigio profesional aumenta con el paso del
tiempo. La medicina es su forma de vida y su gran preocupación
intelectual. La responsabilidad como médico le obliga a
estar al día en los avances médicos y a investigar
en los temas que le inquietan o le seducen. Colabora asiduamente
en revistas especializadas en la materia. Sin embargo, su actividad
intelectual va más allá de los límites de
su profesión. Le interesan la historia y la cultura, especialmente
las de su país de origen. Buena parte de su tiempo libre
lo dedica a analizar la situación histórica del
mundo y a profundizar en las interrogantes que le ofrece el ámbito
cultural vasco. Sus escritos se publican en los diarios y periódicos
de Tandil y de Buenos Aires, más tarde en los de Mendoza
y en las diversas publicaciones del exilio vasco. Cientos de artículos
y notas salen de su pluma. Su firma se encuentra en publicaciones
tan diversas como Eusko Deya, España Republicana, La
Tribuna de Tandil, Nueva Era, Eusko Jakintza, Gernika,
Boletín del Instituto Americano de Estudios Vascos, El
día médico, Príncipe de Viana, Boletín
de la Real Sociedad Vascongada de Amigos del País, Eusko
Gogoa, Munibe, Jakintza, Boletín de Estudios Germánicos
de la Universidad Nacional de Cuyo, Fontes Linguae Vasconum,
etc. Al mismo tiempo, durante los años de permanencia en
Argentina, va aumentando su ya rica bibliografía con títulos
de gran significación. En la editorial Ekin de Buenos Aires
publica dos obras de gran resonancia en el ámbito de la
cultura vasca: Viajeros extranjeros en Vasconia (1942)
y Cultura biológica y arte de traducir (1943). Otros
de sus títulos más celebrados son El viaje español
de Guillermo de Humboldt publicado en el
Patronato Hispano Argentino de Cultura en 1946 o bien El carlismo
de los vascos (San Sebastián, 1980) (28).
Son unos cuantos títulos entre una bibliografía
más amplia. Para dar una visión completa de la actividad
intelectual del ensayista vasco hay que mencionar sus trabajos
de traducción, preferentemente libros en inglés
y en alemán. La labor intelectual de Justo Garate en esta
época es enorme y sorprendente por su variedad y por su
calidad. Sin embargo, dentro de la pluralidad temática
que ofrece, existen dos líneas de atención: la cultura
médica y la cultura vasca. De este dato se puede colegir
que las inquietudes intelectuales de Justo Garate no variaron
mucho de las actividades de su primera época de intelectual
a pesar del cambio de lugar y de vida. La vertiente profesional
y los espacios patrióticos, cultura e historia del País
Vasco, siguieron presentes e inalterables en su dedicación
y en su corazón.
Si
la actividad profesional y sus entregas intelectuales le exigen
una gran inversión de tiempo y esfuerzo, aún saca
fuerzas y horas para dinamizar la vida y la cultura vasca en Argentina,
colaborando desinteresadamente en los movimientos promovidos por
el exilio vasco o en otros organizados por el mismo. En 1940 se
organizan en Tandil las primeras Fiestas Vascas celebradas en
Argentina con un éxito arrollador. Colabora con Isaac Lopez
Mendizabal y Andrés Irujo en la puesta y en el desarrollo
de la editorial Ekin. Él proporciona varios manuscritos
para los fondos de la editorial. Son trabajos gratuitos sólo
compensados por la satisfacción de una obligación
moral bien realizada. Es uno de los miembros fundadores del Instituto
Americano de Estudios Vascos y colaborador habitual de su boletín.
Más tarde, en Mendoza, creó el Centro Vasco, donde
se organizaban fiestas vascas y reuniones culturales. Siempre
que la comunidad vasca solicitaba su ayuda como especialista médico
o como experto cultural, su respuesta era afirmativa. Era un hombre
dedicado plenamente a sus tareas por vocación y por profesión.
Dentro de este cúmulo ingente de actividades es difícil
saber cómo pudo organizar su tiempo y sus fuerzas. Sin
lugar a dudas, aquí entra el trabajo silencioso y eficaz
de Itziar, su compañera del alma. Aunque se hable con admiración
de Justo Garate, no se puede perder la perspectiva de su esposa
Itziar, a quien debe mucho la cultura vasca.
Es
posible que Justo Garate sólo echara en falta una de las
actividades que había desarrollado con éxito en
su Bilbao de antes de la Guerra Civil: la enseñanza universitaria.
Es verdad que tuvo ofertas de la Universidad de La Plata y de
la Universidad de Rosario para integrarse en sus respectivas plantillas
de profesores, pero por diversas razones no aceptó las
invitaciones cursadas. Sin embargo, no sucedió
lo mismo, cuando se le invitó a integrarse como profesor
de clínica médica en la nueva universidad de Mendoza
(29).
Justo Garate nos cuenta en sus memorias: "El Dr. Sánchez
Guisande, antiguo decano de la Facultad de Medicina de Zaragoza,
también vino exiliado a Argentina y fue llamado a Mendoza,
donde se había fundado una universidad en el año
1939. En 1951, cuando se creó la Facultad de Medicina,
le designaron profesor de anatomía, cometido que cumplió
brillantemente. Al inaugurar el cuarto curso, debían designar
un profesor a cargo de la asignatura de clínica médica,
que antes se denominaba patología y era principalmente
teórica y libresca. Por indicación de Sánchez
Guisande consultaron conmigo y tras examinar
mi reválida, mis trabajos e informes, me contrataron. Y
aunque nunca vi el contrato, pues nunca llegué a firmarlo,
me hice cargo de la cátedra en mayo de 1954" (30).
Una vez más Justo Garate pudo disfrutar de la presencia
de un auditorio joven ávido de conocimientos. Igualmente,
como en su época de magisterio bilbaíno, pudo llevar
a la práctica sus ideas pedagógicas. Ahora como
antes, buscaba médicos responsables y humanos en vez de
simples especialistas. Por eso, no sólo
enseñaba la materia académica, sino que proponía
como materia clave de sus enseñanzas actitudes y compromisos
(31).

Darmstadt,
1964. Viaje a Europa de Justo Garate con sus alumnos. Médicos
egresados ese año de la Facultad de Medicina de la Univ.
Nacional de Cuyo, Mendoza. (Foto Merck)
La
aceptación de la Cátedra de Medicina Clínica
significó el cambio de residencia. La familia Garate tuvo
que abandonar su casa de Tandil, donde habían morado más
de quince años, y buscar un nuevo domicilio en la ciudad
de Mendoza. Ésta era una ciudad ideal para los gustos y
para las necesidades de vida y trabajo del médico y profesor
bergarés. Por eso, aceptó con gusto el cambio y
buscó una nueva casa en la calle Mitre, donde viviría
hasta el final de sus días.
En
tierras argentina mantuvo su habitual genio polémico. Con
fuerza y con apasionamiento defendía sus puntos de vista,
aunque esta postura significara enfrentarse al mismo Koldo Michelena,
con quien mantuvo una larga y frontal polémica. Entre ambos
personajes, hubo una profunda admiración pero también
una fuerte rivalidad. Sin embargo, el aparato censor desvirtuó
plenamente dicha controversia al imposibilitar la publicación
de los escritos de Justo Garate en el País Vasco. Parecía
que no era aconsejable para las revistas y para sus directores
publicar ciertos trabajos que se posicionaban en contra de las
teorías del gran profesor renteriano. Son trabajos perdidos
que nadie ha podido dar razón de su existencia y de su
localización.
Justo
Garate supo encontrar en Argentina, primero en Tandil y después
en Mendoza, un ambiente propicio para el trabajo y un clima ideal
para la vida. En compañía de su mujer y de sus hijos,
vivió años de plenitud y de dicha, realizando los
mismos trabajos que había desempeñado en el País
Vasco y dedicándose en cuerpo y alma a sus grandes vocaciones
profesionales e intelectuales. A pesar de la distancia, mantenía
un contacto muy estrecho con su tierra de origen. La correspondencia
con amigos, su relación con revistas y publicaciones del
país, sus contactos con profesionales vascos, etc., le
permitieron vivir muy de cerca las vicisitudes históricas
por las que iba pasando el País Vasco. Unas veces con alegría
y otras con profunda tristeza observaba el decurso del país
y sus posibilidades de futuro. Por eso, en su segunda tierra vivía
con plenitud los acontecimientos de su patria de origen.
Últimas décadas y muerte
El
prestigio y notoriedad del profesor Justo Garate se iba ampliando
considerablemente. En 1959 realiza su primer viaje a Europa, visitando
Suecia, Alemania, Francia, Italia, Suiza, Austria, etc. Tuvo que
ser una especie de reencuentro con su pasado. Tuvo que rememorar
experiencias de su vida pretérita. En 1961 lleva a cabo
su segundo viaje europeo con veinticinco alumnos de sexto curso.
Viaje largo de cuatro meses que le permitió visitar en
varias ocasiones el país
vasco-francés. En 1965, por tercera vez, se traslada a
Europa, más concretamente a las dos Alemanias. En 1967
asiste como profesor invitado a la celebración del segundo
centenartio de la fundación del Colegio de las Vizcaínas
en la ciudad de México, donde dio una conferencia bajo
el título de "Los colegios de las Vizcaínas
y Vergara en el siglo XVIII". En esa ocasión, tuvo
como compañeros de celebración a Lain Entralgo y
a López Aranguren. En 1977, con la incipiente democracia
española, se traslada al País Vasco, invitado por
la Universidad de Lejona. Con esta visita se inicia la larga lista
de reconocimientos, homenajes y títulos. La Universidad
de Lejona le nombra Profesor Honorario de la Facultad de Medicina;
la Academia de Ciencias Médicas de Bilbao, Miembro de Honor;
La Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País, Socio
Supernumerario. En 1978 es nombrado Académico de Honor
de Euskaltzaindia. En 1982, la Universidad de Lejona le invita
por segunda vez. En esta ocasión para nombrarle Doctor
Honoris Causa de esa misma universidad. A su vuelta del País
Vasco, la Fundación Vasco-Argentina
Juan de Garay le dedica un sentido homenaje. En 1987, la Sociedad
de Estudios Vasco le concede el premio Manuel Lecuona. Es la tercera
invitación en pocos años para visitar su país
de origen. En 1990, la Facultad de Medicina de Mendoza y el Consulado
General de España le dedican un gran homenaje. En 1991,
el Rey Juan Carlos I le concede la Gran Cruz de Caballero de la
Orden de Isabel la Católica. No se podrían explicar
tantos honores y reconocimientos si no fuera por un trabajo mantenido
a lo largo de los años y celebrado por gentes de muy distintas
geografías y de talante muy diverso. Se podrá estar
de acuerdo o en desacuerdo con sus ideas, de lo que no se puede
dudar es de su trabajo y de su dedicación. Justo Garate
representa el trabajo profesional y la dignidad humana. Su larga
vida y sus muchas entregas dan buena fe de su talante humano y
de sus valores personales.
Los
años vuelan y con el paso del tiempo la salud del insigne
intelectual se va deteriorando. Durante las últimas décadas
de su vida va observando la historia de la humanidad con sus conquistas
y con sus fracasos. Observa el hundimiento económico y
social de su segunda patria. También, en los últimos
años, con alegría vive el levantamiento del mismo.
La guerra fría que había llevado a una absurda política
armamentística entre las grandes potencias se va enfriando
poco a poco y el fantasma de una posible guerra mundial se va
alejando. España, con la muerte del dictador, va caminando
hacia los espacios siempre difíciles de una nueva democracia.
El País Vasco, después de muchas vicisitudes y sobresaltos,
recupera su genio cultural y económico pero no resuelve
sus problemas políticos con el poder central. También
observa con tristeza cómo las diferencias entre países
ricos y países pobres se van ensanchando; cómo las
pretendidas democracias viven a expensas de los países
colonizados; cómo los intereses económicos levantan
y destronan a políticos y políticas; cómo
en todas partes domina una desaforada cultura consumista y cómo
el verdadero saber se va trivializando de forma alarmante; cómo
el mundo y la humanidad viven insertos en las mayores paradojas
de la historia. A pesar de todo, Justo Garate sigue manteniendo
la esperanza en la humanidad, consciente de que si algo puede
salvar al hombre y al mundo es la fuerza del humanismo.
Quiero
terminar esta semblanza autobiográfica con las mismas palabras
con las que nuestro escritor y pensador cerraba sus memorias.
Dichas palabras conforman una síntesis precisa y preciosa
de su talante humano y de sus ideales humanistas. ¿Puede existir
otra forma más adecuada de acabar unas memorias? Como conclusión,
ofrezco a los lectores la confesión sincera y profunda
del propio autobiografiado. Justo Garate nos dice: "Desde
la atalaya de mi edad, contemplo un breve tiempo de historia,
casi un siglo, este nuestro s. XX, tan lleno de decepciones como
plagado de esperanzas. Desde mis primeras luces de Bergara hasta
mi atardecer en estas laderas abiertas de los Andes, ¿cuántas
cosas, alegres y trágicas han acaecido? No tengo más
remedio que mirar con profunda perplejidad la vida y la historia.
Durante este tiempo, casi cien años, han nacido y han desaparecido
países, imperios, regímenes políticos, sistemas
económicos, etc. He experimentado los más grandes
crímenes y he vivido las más sublimes entregas.
En un permanente, en ocasiones trágico zigzagueo, el hombre
continúa su camino. La pregunta clave es hacia dónde,
hacia su triunfo o hacia su fracaso. Pronto lo sabrá el
mundo. Sin embargo, en medio de tantos cambios y transformaciones,
cuando cada vez hay menos sitio para los valores espirituales
y cuando los intereses han desbancado a los principios humanos,
siento con verdadero orgullo la fidelidad que siempre he mantenido
hacia lo que durante toda mi vida han sido mis más sólidos
y acendrados ideales: Dios, patria, familia y profesión.
Por ellos he vivido y ellos han significado mi vida. Con Itziar,
esposa y compañera de siempre, y en medio de mis hijos,
desde esta Mendoza argentina, escribiendo esta especie de biografía,
rememoro mi vida. Siento que mi corazón salta hacia mi
tierra vasca, que seguramente ya no pisaré más,
y deambulo por sus montes y valles; dialogo con sus gentes; cuestiono
aspectos de su historia, su lengua y sus costumbres; anoto detalles
que me parecen interesantes para un nuevo estudio; sueño
con un país grande en medio de su pequeñez geográfica.

Mendoza, 5
de Agosto de 1992. Justo Garate celebrando sus 92 años.
En
Mendoza, mi ciudad de residencia, recuerdo con amor mi tierra
de origen. Me gustaría estar siempre
presente en ambas ciudades y que ambas me puedan recordar como
una persona que vivió preocupada por el destino humano
y que todo lo que hizo lo realizó en pro de la humanidad"
(32).
Ésta
es la historia de un hombre religioso, gran patriota, amante de
su familia y entregado a su profesión, que vivió
a lo largo del siglo veinte para dar testimonio de una entrega
vocacional, donde el hombre, con toda su grandeza pero también
con todas sus carencias, significaba el eje y la razón
de su vida y de su trabajo. Esta entrega generosa y responsable
legitima el título que hemos dado al presente trabajo y
revela, al mismo tiempo, la auténtica espiritualidad de
nuestro personaje: "Justo Garate o el humanismo como razón
de vida".
El
dos de julio de 1994 Justo Garate fallecía en Mendoza.
Tenía 93 años de edad. Había vivido a lo
largo de casi un siglo entero, nuestro extraordinario y paradójico
siglo veinte. Con Justo Garate desaparecía uno de los últimos
y más leales humanistas, un hombre bueno y justo, que colocaba
el principio de humanidad por encima de intereses y partidismos.
Desde ese día de julio de 1994, nuestra sociedad siente
su vacío, pero posee el ejemplo de su vida y el testimonio
de su obra.
(1)
"Justo Garate: una vida, un camino", Un crítico
en las quimbambas. Autibiografía y escritos, Bergara,
Ayuntamiento de Bergara, 1993, p. 283. (VOLVER) (2)
Me refiero a los pocos trabajos de cierta extensión
que tratan el tema de la vida y del pensamiento del escritor
bergarés. Entre ellos cabe destacar el de José
Luis de la Granja: "El doctor Justo Garate y el nacionalismo
vasco", Muga, nº 25, 1983, pp. 53-60; José
Ángel Ascunce: "Justo Garate: una vida, un camino",
op. cit. pp. 283-289, el ya mencionado de Elías Amezaga,
etc. (VOLVER) (3)
Remito al lector interesado al estudio bibliográfico
de Elías Amezaga, publicado en el libro Justo Garate.
Un crítico en las quimbambas. Autobiografía
y escritos, especialmente al apartado "Referencias
del Dr. Justo Garate Arriola", pp. 312-314. Desde su
publicación, no han aparecido, según mi criterio,
más artículos de enjundia crítica. (VOLVER) (4)
Mi más sincera gratitud a Xabier, Nere y Amaya Garate.
Sin su ayuda, no hubiera podido escribir estas memorias. (VOLVER) (5)
La obra anteriormente mencionada Un crítico en las
quimbambas. Autobiografía y escritos es cita obligada
en todos los trabajos que tomen como referencia la vida y
la obra de Justo Garate. Para evitar la proliferación
de citas de un mismo texto, recurriré a la simple mención
de la paginación después del texto anotado.
Quiero expresar mi deuda hacia estas memorias que sintetizan
fielmente la vida y el espíritu del escritor bergarés.
(VOLVER) (6)
Justo nació en Bergara poco antes de la segunda marcha
de sus padres a Tandil. Sus hermanos Cleto, Benito y Maritxu
nacieron en Argentina. Los tres menores, Graciano, Elías
y Julián nacieron en Bergara. (VOLVER) (7)
Esta sintonía entre lo científico y lo humanístico
me llevó a titular una pequeña glosa dedicada
al escritor bergarés en El Diario Vasco (16
de junio de 1992) con el título de "Justo Gárate:
ciencia y humanismo". (VOLVER) (8)
Tal como manifiesta en sus memorias: "El director del
Instituto del Cáncer en Barlín, profesor Blumenthal,
me proporcionó el nombre del profesor Hirschfeld, gran
hematólogo alemán, quien me encargó una
tesis sobre "Dos variantes de la reacción de Abderhalden"
(Cfr. Justo Garate. Un crítico en las quimbambas,
op. cit. p. 27). (VOLVER) (9)
Además de Itziar, la mayor de la familia, estaban Tomás,
Javier, Elisabete, Lide y José Luis. Los tres últimos
viven actualmente en Buenos Aires. Me comentaba Nere Garate
en una nota: "La familia Arostegui, hermanos de mamá,
cuñados e hijos, le brindaron a Justo Garate un afecto
profundo y gran fineza de sentimientos que él compartía.
Así pasaron muchos de los Arostegui largas temporadas
con nosotros, constituyendo la gran familia. Había
dulzura en la relación, cosa que venía muy bien,
lejos de envidias u otros sentimientos parecidos" (13-VII-2000).
(VOLVER) (10)
Un crítico en las quimbambas, op. cit. p. 22.
Javier Garate insiste en esta misma anécdota en una
nota escrita el 2 de agosto de 2000. (VOLVER) (11)
Cuenta Elías Amezaga en su libro El doctor Justo
Garate. Crítico de críticos que en la comida
de despedida que organizaron sus amigos hablaron Aldasoro,
Leizaola y Mourlane Michelena. Por lo que se ve, en 1928,
la sociedad vasca, o por lo menos los intelectuales vascos,
no se había fraccionado como se daría años
más tarde. La camaradería entre Justo Garate,
Aldasoro, Leizaola y Mourlane Michelena así lo está
demostrando. (VOLVER) (12)
En Bilbao nacieron los tres hijos mayores del matrimonio:
Nere, Javier y Amaya. El menor de ellos, Mitxel, nació
en Sopelana, donde la familia Garate se había refugiado
tras los primeros bombardeos de Bilbao. (VOLVER) (13)
Para comprender las relaciones tirantes que Justo Garate mantuvo
con el nacionalismo y con A.N.V. remito al lector al trabajo
de José Luis de la Granja: "El Dr. Justo Garate
y el nacionalismo vasco", Muga, nº. 25, 1983,
pp. 53-60. (VOLVER) (14)
Como sostiene Elías Amezaga en su obra Justo Garate.
Crítico de críticos, Justo Garate era un
"nacionalista bien que sin decantarse por la independencia
sino más bien por una república federal. Partidario,
pues, de la autonomía dentro de un Estado de pueblos
libres que incluyera Portugal" (Cf. op. cit. p. 24).
(VOLVER) (15)
El propio autor menciona en su biografía Un crítico
en las quimbambas la publicación por cuenta propia
de otro libro de gran resonancia El viaje a Navarra de
Chaho y el nacionalismo vasco (Bilbao, 1933), pero es
una edición que no la hemos podido cotejar ni aparece
en las bibliografías más importantes sobre Justo
Garate. (VOLVER) (16)
El renombre de Justo Garate alcanzó cotas realmente
sorprendentes a causa de ciertas debates mantenidos con personalidades
públicas del país. El primer debate lo mantuvo
con el padre Laburu a raíz de una conferencia que éste
último pronunció sobre psicología animal.
La segunda polémica se centró en torno al fenómeno
Asuero y su "trigémino". Ambas polémicas
levantaron un gran alboroto debido a las posiciones encontradas
en que se hallaba dividida la sociedad vasca del momento.
Véase al respecto Justo Garate. Un crítico
en las quimbambas, op. cit. pp. 31-33. (VOLVER) (17)
Véase al respecto el artículo "Introducción
a la historia de las universidades vascas", aparecido
en el Boletín del Instituto Americano de Estudios
Vascos, n.º 44, Buenos Aires, enero-marzo de 1961, pp.
1-6. Más tarde fue recogido en el volumen Justo
Gárate. Un crítico en las quimbambas, op.
cit. pp. 78-93. (VOLVER) (18)
Elías Amézaga: El Doctor Justo Garate. Un
crítico entre críticos… Op. cit. p. 38,
(VOLVER) (19)
Ibidem, p. 39. (VOLVER) (20)
La influencia del institucionismo en el País Vasco
es otro de los temas mas necesarios de estudiar para poder
tener una visión completa y objetiva de la dinámica
cultural e intelectual del país. Creo que los resultados
serían altamente sorprendentes. Servirían para
explicar muchas de las interrogantes actuales sobre el tema
propuesto. ¿Sería el caso de Justo Garate? (VOLVER) (21)
Justo Garate. Un crítico en las quimbambas …
Op. cit. p. 41. (VOLVER) (22)
Justo Garate. Un crítico en las quimbambas …, op.
cit. p. 46. (VOLVER) (23)
En Bruselas fueron acogidos en la casa de Javier Arostegui,
hermano de Itziar, que residía en la capital belga
dedicado al juego profesional de la cesta punta. (VOLVER) (24)
Justo Garate. Un crítico en las quimbambas …
op. cit. p. 51. (VOLVER) (25)
Estas ideas las expuse en mi trabajo "Justo Garate: una
vida, un camino", op. cit. pp. 287-288. (VOLVER) (26)
En la Argentina, donde llegaron el 10 de diciembre de 1937,
se establece la familia Garate de manera definitiva. Mientras
Justo preparaba su reválida en la universidad de la
Plata, Itziar y sus cuatro hijos fueron acogidos por Tomás
Arostegui, hermano de Itziar, que vivía en La Quiaca,
en la frontera con Bolivia. A raíz de la "puna"
o mal de las alturas se trasladaron en marzo de 1938 a Necochea,
donde estuvieron hasta julio del mismo año en el que
Justo obtuvo su reválida. (VOLVER) (27)
Justo Garate. Un crítico en las quimbambas …op.
cit. p. 54. (VOLVER) (28)
Son reveladoras las palabras de J. M. Lacarra sobre la escritura
de Justo Gárate en estos estudios históricos.
Véase el "Prólogo" a El carlismo
de los vascos, San Sebastián, Auñamendi,
1980, especialmente las páginas 18 y 19. (VOLVER) (29)
El paso a la universidad de Mendoza significó un deterioro
económico importante. El sueldo de profesor no era
tan generoso como el de médico en Tandil. Sin embargo,
la propuesta le satisfacía plenamente. Una vez más
pudo contar con la ayuda incondicional de su esposa Itziar
quien supo reducir la comodidad doméstica y la tranquilidad
económica por la carrera profesional de su marido.
(VOLVER) (30)
Justo Garate. Un crítico en las quimbambas… op.
cit. p. 58. (VOLVER) (31)
El lector interesado puede recurrir al fascículo publicado
por ºla Cátedra de Clínica Médica
de la Facultad de Medicina de la Universidad de Mendoza, donde
se recoge el discurso del profesor Justo Garate pronunciado
con motivo de la Colación de Grado en Medicina de dicha
Universidad. El discurso llevaba por título "Reflexiones
ante los nuevos médicos" (Mendoza, 1961). (VOLVER) (32)
Justo Garate. Un crítico en las quimbambas… op.
cit. pp. 63-64. (VOLVER) |
José
Ángel Ascunce Arrieta |